![]() el portal de Castilla franquea el acceso a la zona monumental de Estella.
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A nueve kilómetros de Logroño y remontando el itinerario milenario, Viana se encarama sobre un cerro desde el que se divisan las cien hectáreas que abarca la laguna de Las Cañas, declarada Reserva Natural en 1987 y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) en 1990. El municipio, que todavía conserva buena parte de sus altas y gruesas murallas medievales, presenta una estructura urbana rectangular, con las ruinas de la iglesia gótica de San Pedro en un extremo, la singular plaza del Coso en el otro y la de Los Fueros a medio camino. Rodeada de sombrías y alargadas calles, en ella se alzan el sobrio Ayuntamiento, del siglo XVII, y la iglesia de Santa María de la Asunción, el edificio más importante de Viana. De enormes proporciones, el templo, del siglo XIII, cuenta con una portada renacentista junto a la que descansan los restos de César Borgia, capitán general de las armas navarras.
Circundado por un paraje lunar, árido y semidesértico, en el término de Torres del Río, se encuentra la iglesia del Santo Sepulcro, una original construcción del siglo XII de forma octogonal, reducido tamaño, cúpula con cierto aire musulmán y bancos de piedra incrustados en la pared. El sencillo Cristo que preside el interior tiene más de 700 años de antigüedad. También merece la pena cruzar bajo el portal de Castilla en Los Arcos y visitar la iglesia de Santa María, de traza barroca y con una imponente torre plateresca. En su exterior, porticado y convertido en habitual punto de reunión de peregrinos, se expone, curiosamente, una imagen de Jesús crucificado.
A lo lejos, en la cresta de una montaña, es posible adivinar la silueta de San Gregorio Ostiense, basílica levantada en el siglo XVIII. Para llegar hasta allí es necesario acercarse a Sorlada, un pequeño pueblo acurrucado a los pies de la cima que cumple todos los parámetros de la recurrida descripción de lugar anclado en el pasado. De sus calles nace una descarnada carretera de un kilómetro y medio de longitud que muere en la cumbre. Cerca de su recargada portada, la caprichosa naturaleza ha esculpido un monolito que desafía a las leyes de la gravedad. Todo el entorno ofrece hermosas panorámicas del ondulado y sinuoso valle de Berrueza.
La ´Toledo del norte´
Camino de la capital de la región, llama la atención el color de las rocas y los campos, tan rojos como los caldos que se producen en ellos. Tres kilómetros antes de Estella, una vez disuelta en el horizonte la estela del castillo de San Esteban de Deyo en Villamayor de Monjardín, el monasterio de Iratxe, en Ayegui, aún mantiene en pie, a pesar de estar deshabitado desde hace veinte años, su torre herreriana y la interesante portada adosada a ella. Antiguo hospital de peregrinos y universidad, de los aledaños de este edificio –citado ya en diferentes documentos del siglo X– parte un largo sendero que recorre un extenso encinar.
Apodada la ‘Toledo del norte’ y encajada entre montañas, Estella atesora un barrio antiguo declarado monumento nacional. En su calle de la Rúa se halla el Palacio de los Reyes de Navarra, del siglo XII, único ejemplo de románico civil en la provincia y que, en la actualidad, alberga un museo dedicado al pintor Gustavo de Maeztu. Frente a él, la iglesia de San Pedro, de la misma época, se asienta sobre un terreno irregular, al fondo de unas largas escalinatas y cosida a una peña.
Es preciso cruzar el empinado puente de la cárcel, que salva el curso del río Ega, para visitar la iglesia de San Miguel. El templo posee una bella portada, decorada al detalle con una profusa iconografía. Otro importante enclave religioso muestra sus imponentes muros diez kilómetros al norte, en una hondonada a las puertas de un cañón en el que reina el silencio más absoluto. Se trata del monasterio cisterciense de Iranzu. El cenobio, construido entre los siglos XII y XIV, posee un cuidado claustro gótico, una austera pero luminosa iglesia abacial y recrea una cocina del siglo XIII en una de sus salas.
Puente la Reina debe su nombre a la arqueada construcción medieval que emerge sobre el Arga. La ruta jacobea atraviesa la calle Mayor, un pasillo recto jalonado por viejas casonas que exhiben blasones en sus fachadas y aleros tallados de madera. La iglesia de Santiago, situada a un lado de la vía, custodia un hermoso retablo mayor, barroco y del siglo XVIII. A cuatro kilómetros, en mitad de un campo y en lo que representa el punto más oriental de Tierra Estella, Santa María de Eunate, de planta peculiar y cuyos orígenes representan, aún hoy, todo un misterio, despide al peregrino. Pamplona se encuentra a tiro de piedra, sorteando la Sierra del Perdón y siempre a la vera del Camino.

Qué comer; En las fértiles huertas de la vega del Ebro brotan productos hortofrutícolas de fama mundial. Los pimientos y los espárragos son buen ejemplo de ello.
Más información:
Oficina de turismo de Viana. 948 446302.
Oficina de turismo de Los Arcos. 948 640077.
Oficina de turismo de Estella. 948 556301.
Oficina de turismo de Puente la Reina. 948 340845.
Centro del parque natural de Urbasa-Andia. 948 382438.

Argumentos no le faltan. La sierra, que se convierte en un gran altiplano en su zona superior, atesora una variada fauna, dentro de la cual destacan especies protegidas como el quebrantahuesos y el halcón peregrino, además de todo tipo de pequeños mamíferos y anfibios. La reserva cuenta también con una rica vegetación. Bosques frondosos de acebos, arces, fresnos, olmos, encinas, tilos y hayas conviven con vastos prados en los que vacas, ovejas y jacas pastan en completa libertad.
Uno de los parajes más conocidos de este santuario de la naturaleza es el llamado Balcón de Pilatos, un circo rocoso a cuyos pies se esconden las fuentes del Urederra. Se puede llegar hasta ellas recorriendo un bello sendero que nace en el cercano pueblo de Baquedano y que remonta el curso de este río donde es frecuente ver pescadores y piragüistas.
De hecho, la actividad deportiva y aventurera constituye otro de los reclamos del parque. La reserva resulta un enclave idóneo para el trekking –existen tres itinerarios señalizados–, la escalada, el esquí de fondo e incluso la espeleología, ya que las grutas y las simas abundan en el suelo horadado de Urbasa-Andía. La sierra posee, además, una veintena de restos megalíticos como dólmenes y menhires. Y para no perderse nada, un Área de Interpretación del parque en la denominada Borda de Severino, en la que un museo describe el modo de vida de los antiguos pastores de estos contornos.






