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La catedral vieja estrena un recorrido por los ritos funerarios desde el siglo VIII
La excavación del crucero saca a la luz nuevos sepulcros y muestra las diferentes formas de enterramiento
01.07.07 -
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La catedral vieja estrena un recorrido por los ritos funerarios desde el siglo VIII
VISITANTES recorren las obras. Por debajo, las tumbas. / QUINTAS
La catedral vieja es el mejor libro de historia de Vitoria, también de sus ritos funerarios. La Fundación Santa María, encargada de llevar a cabo su restauración, ha organizado una exposición sobre el ritual de la muerte como nuevo atractivo del recorrido por las obras del templo. ¿El motivo? Acaba de iniciarse la excavación del crucero y los enterramientos saltan a la vista. Y es que el templo gótico y su entorno son una gran necrópolis porque, hasta la construcción de Santa Isabel en el siglo XIX, era en este lugar donde la ciudad sepultaba a sus muertos.

«Durante un año, que es lo que va a durar la excavación del crucero, los visitantes van a tener la oportunidad excepcional de contemplar cómo la historia de Vitoria y, por extensión, la del País Vasco, aparece bajo sus pies», resalta el director gerente de la Fundación, Gonzalo Arroita. Del mismo modo que para completar un libro es preciso ir pasando las hojas, para llegar a la «roca madre» sobre la que se alza Santa María hay que levantar capas y capas de materiales. Cada una es una página con «información sobre la historia humana y constructiva de la ciudad, sobre la relación de los vivos y los muertos. Mostramos una secuencia histórica sobre los ritos funerarios a lo largo de un milenio», añade.

«Mientras que en época romana los enterramientos se sacaban de las ciudades, entre los siglos VIII y XIII volvieron a las poblaciones y se depositaban en cementerios ubicados en torno a sus iglesias parroquiales, siempre en el exterior de ellas», señala uno de los de redactores del plan director de la catedral, el catedrático de Arqueología Agustín Azkarate. Esta práctica explica las numerosas tumbas halladas en los alrededores de Santa María. Se corresponden con el que debió ser el cementerio de la legendaria Gasteiz, una aldea a cuya muralla se adosa, en el siglo XII, un templo dedicado a la Virgen.

1.200 tumbas

De las 1.200 tumbas exhumadas a lo largo de una década, «más de un centenar pertenece a esta primera necrópolis. Hay fosas simples, tumbas con laterales construidos de muretes de ladrillo o piedra y huecos antropomorfos, esto es, excavados sobre la roca natural y tallando esquemáticamente la forma del cuerpo. A veces la cabeza del difunto se sujetaba con piedras o con cráneos anteriores», detallan los paneles instalados en la pasarela de la catedral. De ésta época son también algunos esqueletos que tienen una moneda en la boca o dentro de una bolsita de cuero atada al cuello. Simboliza el óbolo de Caronte, la moneda que, según la mitología clásica, los difuntos debían portar para pagar al barquero que les conducía al mundo de los muertos.

A partir del siglo XIII, los cadáveres empiezan a introducirse en las iglesias. El inicio de esta práctica coincide en Vitoria con la reconstrucción, tras un incendio, de la primitiva parroquia en una segunda iglesia extramuros que terminará transformándose en la actual catedral. El templo vitoriano empieza a servir de cementerio en el XIV, aunque se alterna con el de fuera hasta el XVI. El coordinador de las excavaciones, Alberto Plata, detalla que algunos de los enterramientos «conservan parte del vestuario, como los zapatos o los cinturones, además de rosarios o crucifijos».

Ya en el siglo XV comienzan a construirse capillas privadas dentro de los templos, como las de San Bartolomé y la Concepción. Esta costumbre se extiende hasta finales del XVIII. En este siglo se realizó un reparto geométrico de las tumbas -se conoce como encajonado- que se conserva perfectamente. De esta época son los numerosos esqueletos con platos. Son las cerámicas en las que se depositaron los óleos de la unción.
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