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Montehermoso, diez años de vanguardia
800 actos y casi un millón de visitantes avalan la trayectoria del centro multicultural abierto hace una década en El Campillo, que ahora busca su proyección internacional
01.07.07 -
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Montehermoso, diez años de vanguardia
1980. Imagen del palacio de Montehermoso cuando era sede de la Diócesis de Vitoria, antes de la rehabilitación. / E.C.
El arte y la cultura fluyen como el agua. El fotógrafo David Quintas ha unido dos aniversarios, los 50 años de la entrada en servicio de la red de embalses del Zadorra y la década del centro cultural Montehermoso para recrear el medio acuático y desentrañar sus formas ocultas, invisibles al ojo humano. La exposición '500X', que se inaugurará el 13 de julio, tiene como escenario el antiguo depósito de aguas de la ciudad, que data de 1885 y que dejó de utilizarse a medida que los vitorianos bebían el agua depurada de Ullíbarri Gamboa.

El mágico aljibe, que supuso en su momento una interesante obra de ingeniería por su sencillez y su eficacia, fue una vez rehabilitado el embrión del actual centro cultural. «Son dos momentos de transformación de la historia alavesa que he tratado de ensamblar creando una atmósfera de fluido, de esencias, mediante fotografías microscópicas», cuenta el fotógrafo vitoriano. El agua embalsada del depósito, sustituida ahora por arte, vuelve a llenar ese espacio único, con imágenes de gran formato en metacrilato que llegan al mismo nivel que tuvo siempre antes de ser vaciado.

La de David Quintas será la exposición número 131 en los diez años de vida de este centro de vanguardia. 390 actuaciones musicales, 114 infantiles, 154 actividades de difícil clasificación y casi un millón de visitantes en este período hablan de la importancia, de la variedad y de la efervescencia de este espacio que ha contribuido como ningún otro a dar a Vitoria un impulso sin igual a la creación artística y al debate de las ideas.

Eso es algo en lo que están de acuerdo todos los que han tenido una responsabilidad en el centro en los últimos años. «Montehermoso es un referente cultural no sólo en la ciudad, también en España», recalca el ex concejal socialista Andrés Sánchez, que atisbó desde el principio la oportunidad que daba un espacio «lleno de magia» como el depósito de aguas desde el mismo día en que pidió las llaves para meterse en aquel pedazo de historia de la ciudad. Todos se enamoraban de este lugar. «Basterretxea, Chillida, Ibarrola...», recuerda Sánchez, querían exponer allí. «Y fue un atractivo para que los vitorianos volvieran a subir a un Casco Medieval que seguía abandonado completamente».

Casa para reyes

Mientras el depósito de aguas se convertía en un espectacular y singular contenedor de arte a partir de 1994, el Ayuntamiento ponía sus ojos en el viejo palacio de Montehermoso, construido en el año 1524 con estilo renacentista y destinado a convento de las dominicas, pero usado como residencia de la noble familia Aguirre desde el principio. Casa preferida por todos los monarcas españoles para pernoctar cuando pasaban por Vitoria, desde Felipe V a José I Bonaparte, sus propietarios, cultos, de tradición liberal e ilustrada, llegaron a tener una gran influencia en la corte española y sus fiestas en el actual jardín de Falerina eran de leyenda.

El nombre de Montehermoso y el título de marquesa (1714) le fue concedido a María Antonia de Salcedo, viuda de Vicente de Aguirre, porque fue aya del Príncipe de Asturias, Luis, y del futuro Carlos III, y señora de honor de Isabel de Farnesio. Un siglo después, otra marquesa de Montehermoso, María Pilar Acedo, deslumbró hasta enamorar al mismísimo 'Pepe Botella', José Bonaparte, que hizo del palacio su corte en Vitoria y le siguió a Francia en su huida.

El palacio, el mejor de la ciudad durante más de dos siglos, fue durante un tiempo cuartel de artillería y fue vendido a la Diócesis en 1887. Al convertirlo en su sede, encargó a Iñiguez de Betolaza la reforma de la fachada, que quedó con ese aire neogótico que le caracteriza. En 1928 se hizo otra importante reforma.

Obispado

El Ayuntamiento, con José Ángel Cuerda en la Alcaldía, lo compró al Obispado por casi 2 millones de euros y pensó en crear oficinas municipales, dentro del impulso por recuperar los monumentos del Casco Viejo. Con este fin se encargó la rehabilitación a los arquitectos Miguel Ángel Campo, Roberto Ercilla y Juan Adrián Bueno. Tres años de obras, muchas complicaciones técnicas y un desembolso des 3,6 millones de euros dieron como resultado un edificio con inmensas posibilidades.

«Cuando estaba todo hecho, se pensó en darle un uso cultural junto a otros edificios como Escoriaza Esquível. Hubo que adaptarlo otra vez. Sólo teníamos claro que había que entretener, educar y estimular», recuerda el director de Cultura, Enrike Ruiz de Gordoa.

Cuando la edil del PP Encina Serrano se hizo responsable del área de Cultura en 1999, su apuesta fue apoyar a los artistas locales y todas las posibilidades que tenía el centro como dinámico motor multicultural. Resultado, el número de visitantes se duplicó hasta alcanzar los cien mil anuales. «Creo que desde ese espacio se ha hecho una verdadera revolución cultural en la ciudad porque se ha implicado a todo el mundo, a todas las edades y se ha creado un lugar de encuentro de todas las disciplinas artísticas. En realidad, hemos creado un modelo que luego han seguido Artium o Krea. Lo importante ahora es descubrir un camino propio y creo que el actual equipo lo va a hacer».

En la misma línea, Maite Berrocal (PSE), actual responsable del departamento de Cultura tras la renovación en el gobierno municipal, cree que el proyecto de Montehermoso, sus diez años y su futuro, no pertenecen a un partido o a un sector de la ciudad. «Es un proyecto cultural de Vitoria, que hemos apoyado todos cuando estábamos en la oposición y que lo hacemos ahora porque es una apuesta abierta por el arte. Heredamos el trabajo de otros concejales, pero Montehermoso es una idea de todos», asegura.

La mediateca

La adaptación arquitectónica del viejo palacio no sólo permite que lleguen a exponerse cuatro muestras a la vez en diferentes salas, sino que también deja espacio a una excelente mediateca especializada en los campos de las artes visuales y multimedia con importantes fondos videográficos para documentación y consultas.

Emilio Ochoa de Olano, José María Sarralde, Antonio Martínez de la Hidalga y Benjamín Esteban forman parte de un grupo de mayores que acaba de terminar un curso de internet de la Fundación Mejora de la Caja Vital en un aula del palacio. Como es el último día han decidido despedirse con un café en una de las terrazas del jardín de Falerina. La cafetería y el jardín forman uno de los mejores rincones del Casco Viejo y es un modelo de gestión para el futuro. Hostelería diurna de calidad y un lugar para charlar, estudiar o simplemente tumbarse bajo un árbol, algo que se echa en falta en la ciudad gótica.

Emilio Ochoa de Olano ha utilizado también la mediateca y los ordenadores y está encantado con las posibilidades que le da Montehermoso. «Sobre todo desde que han puesto las rampas mecánicas. Subir es más fácil», cuenta.

El centro, según manifiesta su actual director, Xabier Arakistain, 'Arakis', que ha sustituido a Araceli de la Horra, otra persona muy importante en la trayectoria del centro, se encuentra en plena transición. La nueva etapa quiere conciliar arte, cultura y sociedad y especializarse en la igualdad y el arte femenino. «Montehermoso debe ser un lugar de encuentro donde fluyan las ideas, la cultura y las fusiones sociales. Esa mirada es la que podemos aportar, pero no solo desde lo local, sino mirando a lo universal. Debemos formar parte de una red global», explica Arakis. Montehermoso se renueva como el agua que se mueve, adaptándose a los nuevos espacios, a los nuevos tiempos.
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