
Alonso se esmeró en intentar exculpar a su departamento, al Ejército y a la empresa fabricante de los inhibidores por la ausencia de estos sistemas. Explicó que sólo en enero pudieron encargarse los perturbadores de frecuencia porque, a pesar de que Defensa tenía un remanente de seis millones de euros el año pasado, la ley no permitió utilizar este dinero para adquirir los aparatos. El titular de Defensa, que recordó que hasta el verano de 2005 ningún vehículo militar en el extranjero llevaba inhibidores, aseguró que el Ejército trabajó con la mayor «diligencia» posible para la adquisición e implantación de estos mecanismos de seguridad y que, incluso, su departamento encargó los aparatos antes de hacer el expediente de contratación. De no haber sido así -dijo- los primeros inhibidores para la misión de UNIFIL que comenzaron a entregarse en mayo no habrían llegado a manos de Defensa hasta el próximo noviembre.
José Antonio Alonso también justificó la ausencia de inhibidores en Líbano por lo «complejo de la fabricación» de estos artefactos para los blindados militares y apuntó que para la instalación de estos sistemas son necesarias de seis a nueve semanas.
«No son la panacea»
El ministro también utilizó el argumento de que el Estado Mayor priorizó la instalación de perturbadores en los vehículos de la misión en Afganistán donde, según sus datos, sólo en el último año ha habido más de mil atentados con coche-bomba.
En cualquier caso, para zanjar el debate sobre los inhibidores, Alonso aseguró que estos aparatos no son la «panacea», pues no evitan ataques con artefactos activados por cables, explosiones de minas, atentados suicidas o bombas con frecuencias inéditas para los perturbadores.
En cuanto a la autoría del atentado, el ministro, citando un informe del Centro Nacional de Inteligencia, apuntó que el ataque fue obra de una célula terrorista «extranjera» (no libanesa) apoyada por miembros de dos «organizaciones terroristas locales» que les prestaron ayuda con los explosivos, la documentación y el refugio.
Alonso insistió en que los paracaidistas fallecidos estaban en una misión de la ONU y que «los soldados de Naciones Unidas ni declaran ni participan en guerras». «Los soldados de la ONU -añadió- son los catalizadores de la paz y no un instrumento de guerra».
Por otra parte, anunció que se reformará en breve el actual decreto de concesión de medallas a los militares en misiones internacionales que impidió otorgar a los paracaidistas la máxima condecoración militar.







