
El presidente Gobierno se vanagloria de haber cumplido un altísimo porcentaje de su programa, pero ahora atraviesa un momento delicado, tras el fracaso del proceso de paz, el reciente atentado contra tropas españolas en Líbano y la sensación de un cierto parón en la labor legislativa de su gabinete. Rodríguez Zapatero se ve obligado así a combatir la percepción de que el suyo es un proyecto agotado. Su propósito es aprovechar la sesión parlamentaria, que siempre le ha dado muy buenos resultados, para mejorar su imagen y demostrar que aún dispone de iniciativas para los próximos meses e incluso para la próxima legislatura.
El Gobierno sabe que será inevitable que ETA se cuele en el debate y ha preparado una respuesta para afrontar las críticas del PP, que se propone hacer balance de la política antiterrorista gubernamental. Pero su prioridad es otra. Rodríguez Zapatero quiere abrir expectativas en todos los ámbitos de la actividad política, con especial énfasis en el terreno de la defensa de los derechos civiles y las mejoras sociales.
El líder socialista se esforzará por marcar nuevas metas, con objetivos concretos sobre lo que es necesario hacer «en los próximos años», tal y como explicó ayer el secretario de Organización del PSOE, José Blanco. Tres retos marcarán su discurso: el cambio climático, el pleno empleo y la vivienda. El jefe del Ejecutivo pretende demostrar que, en contra de lo que dice el PP, su proyecto es creíble y para ello, se servirá de sus éxitos económicos y sociales.
Mariano Rajoy, desde la oposición, se encargará de hacer un balance pesimista de los años de gobierno de Zapatero para presentar la imagen en negativo de ese retrato de la realidad española, abocada a un final de etapa como consecuencia del agotamiento del proyecto socialista. Acusará al presidente de romper los consensos constitucionales, enfrentar innecesariamente a los españoles, crear desigualdades territoriales, mirar al pasado y haber equivocado las prioridades de la sociedad.
El presidente del PP intentará evitar la agresividad de otros debates para enterrar la fama de «crispador» que le atribuyen los socialistas. El líder de los populares necesita poner el acento en su programa político de futuro, proyectar su imagen de hombre de Estado y transmitir la credibilidad de quien representa una alternativa de Gobierno «fiable y previsible», preparada para resolver los problemas de los ciudadanos.
Propuesta de IU
El debate también servirá para conocer los límites del precario consenso alcanzado por Zapatero y Mariano Rajoy en materia antiterrorista, una vez ETA hizo oficial la ruptura del alto el fuego. Tanto socialistas como populares aseguran que harán lo posible por 'sujetar los caballos'. El Gobierno necesita la unidad de todas las fuerzas democráticas, y el presidente del PP, mantener el compromiso de que será capaz de hacer borrón y cuenta nueva y arrimar el hombro cuando las cosas se pongan feas. El partido opositor no renunciará, sin embargo, a reclamar información sobre los proyectos del Ejecutivo en la lucha contra ETA. «Ha llegado la hora de que diga la verdad de una vez por todas», exigió ayer el secretario general del PP, Ángel Acebes.
Izquierda Unida, por su parte, lleva al pleno una propuesta en la que se plantea la derogación del Pacto Antiterrorista suscrito por PP y PSOE, y su sustitución por otro acuerdo que englobe a «todos» los grupos. En principio, los socialistas no quieren quebrar su renacida armonía con los populares, lo que podría ocurrir si el principal partido de la oposición quedara excluido de un nuevo acuerdo. No obstante, fuentes parlamentarias del partido gubernamental admitieron que si Rajoy 'rompe la baraja' durante el debate, se sentirán con las manos libres para atender a la iniciativa de IU o de otra fuerza política que vaya en ese sentido.







