Es doloroso que este tipo de productos sea juzgado por mucha gente como algo ya incompatible con la televisión actual. ¿Por qué? ¿Porque no hay secuencias de acción trepidante, ni reclamos de lo instintivo -sexo, violencia, todo eso-, ni un tipo seudofamoso que vocifera solecismos? Esas preguntas bastan para ver hasta qué punto la sumisión comercial de la tele ha ido reduciendo el repertorio del lenguaje escénico. Pero hay un público que encuentra adorable una buena pieza teatral adaptada a la tele.
Sobre estas cosas conviene ser claros: hay buenas historias y malas historias, buena televisión y mala televisión, productos de altura y productos deleznables, y no es malo, sino muy bueno, que quien tiene la potestad de programar asuma también la responsabilidad de formar el gusto del espectador. Las adaptaciones de 'Estudio 1' han sido siempre ejemplares, un auténtico modelo de lo que un canal público debería hacer; más aún: una de las pocas cosas que justifican un déficit financiero.
La duda que le queda a uno es si emitir estas cosas en tales condiciones tienen algún sentido. Era la una de la madrugada del lunes y aún no había acabado la emisión de 'Carlota'. Si se trataba de mostrar al público la calidad profesional de Pedro Amalio López, ¿por qué emitirlo a una hora en la que apenas hay público ante la pantalla? El mejor homenaje sería resucitar 'Estudio 1'. Que sí.











