
Duran trató de marcar distancias con los dos partidos, aunque quizá algo menos con los socialistas. Afirmó, así, que a su grupo le ha provocado «vergüenza ajena» la confrontación entre los dos grandes partidos, si bien precisó que no quería «equiparar responsabilidades, porque sería injusto». CiU, dijo, «está harta» de que le emplacen a estar «con los unos o con los otros; o peor aún, contra los unos o contra los otros». Y por ello les pidió «más sosiego, más diálogo, más sentido de Estado».
El secretario general de la formación catalana brindó un moderado apoyo al Ejecutivo por su política antiterrorista. Las cosas, a su juicio, «no se han hecho bien», pero nadie puede cuestionar que el Gobierno «tenía derecho a fracasar». Afirmó, en esta línea, que es el momento de estar «todos juntos» contra ETA y de impulsar un nuevo pacto que abarque a todos, más allá del que en 2003 firmaron PP y PSOE.
Clave estatutaria
Duran centró en el Estatut las críticas contra Rodríguez Zapatero. El presidente, a su entender, no ha acometido las transferencias estipuladas, como la de los aeropuertos, ni ha efectuado las inversiones pactadas, entre las que destacó las de la red ferroviaria. Ello no obrará a favor del PP, a quien CiU no perdona la «histórica irresponsabilidad» de utilizar el Estatut como «instrumento de erosión política» e impugnarlo ante el Tribunal Supremo. El portavoz logró arrancar un compromiso al presidente, que en su turno de réplica anunció que en enero transferirá la red de los trenes de cercanías a la Generalitat.







