
El presidente del PP encaró el debate con un demoledor balance negativo de la gestión de Rodríguez Zapatero en todos los ámbitos, pero el repaso a la actualidad de la nación no fue más que el preámbulo de un discurso todavía mucho más duro en el fondo, dedicado al análisis de su política antiterrorista. Rajoy no se distrajo con los anuncios del presidente sobre medidas de política social y económica porque le parecieron un «pudoroso» intento de desviar la atención y ocultar el fracaso del proceso.
Antes de encarar la embestida dialéctica, exquisita en las formas pero descarnada en los contenidos, el líder de la oposición recordó al presidente que el apoyo que le brindó para derrotar a la banda terrorista no significa «impunidad» y «mucho menos complicidad». Se mostró abiertamente descreído ante la declaración del jefe del Ejecutivo a favor de la derrota de ETA y en contra de un final dialogado de la violencia. En su opinión, las palabras del presidente ante el pleno no fueron suficientes como para creer «que se acabó esta historia».
«Después de lo ocurrido, es natural que se le contemple con recelo», explicó el líder popular. Echó de menos una explicación pormenorizada del proceso, la asunción de los errores cometidos y, por lo tanto, aseguró que Rodríguez Zapatero «tiene una grave responsabilidad pendiente». «Yo sé lo que ocurriría en cualquier democracia estable, pero -subrayó- no descarto que usted se empecine en continuar dando tropezones de un error a otro».
Quiebra de confianza
Rajoy acusó al presidente de haber «mentido hasta extremos inéditos» y, como consecuencia de ello, «quebrado la confianza» de los ciudadanos. «Ha jugado con la ley y es notorio que está mintiendo a los españoles desde mucho antes de ocupar ese escaño». A partir de ahí, dejó que Rodríguez Zapatero sacara las consecuencias de lo que debe hacer un gobernante cuando «traiciona la confianza de los gobernados».
Le culpó de haber dejado una ETA «crecida, envalentonada, reconstruida» y con presencia en los ayuntamientos. Le atribuyó una actuación «desleal» por haber abierto un proceso de paz cuando «de sobra sabía» que ETA no pensaba rendirse ni dejar las armas ni disolverse sin conseguir sus objetivos políticos. Incluso negó al presidente la «buena fe» en su actuación durante el alto el fuego de la banda y concluyó que los terroristas «no le han engañado». «No se han equivocado -insistió-. Se ha equivocado usted que lleva tres años tratando de engañar a todo el mundo».
Rajoy resolvió que José Luis Rodríguez Zapatero «carece de crédito para seguir» al frente del Gobierno y «no está en condiciones de defenderse con su palabra». «Ha llegado al lamentable extremo de que para avalar su palabra tendría que mostrar las actas de las reuniones con ETA y no espero que lo haga», añadió, en una nueva exigencia de que el presidente ofrezca todos los detalles del proceso o devuelva la voz a las urnas.
Al negativo balance de la política antiterrorista, añadió el líder de la oposición la gestión del Gobierno en todos los ámbitos de la vida pública para afirmar que, después de tres años, «no queda más que un interregno vacío, una pura precampaña electoral, una malversación del tiempo y de la energía nacionales».
Mariano Rajoy hizo suya la descripción que hizo recientemente el alcalde de Madrid sobre la etapa de Gobierno de Rodríguez Zapatero y se apuntó a la idea de que su mandato será «un paréntesis, una triste pausa en la evolución de la España democrática». Le reprochó haber dejado la nación peor de como la encontró y aseguró que «su balance es tan pobre que casi da vergüenza criticarlo».







