
«Ha propuesto que las pastas del catálogo vayan forradas de piel de serpiente o algo semejante; también ha pedido una quilla de barco. La cosa se presenta complicada», detallaba hace tiempo un técnico del museo a este periódico, al ser preguntado por los preparativos de esta muestra que el centro se había comprometido a dedicar a Morquillas en tiempos de Miguel Zugaza. Resarcía así al artista bilbaíno por no haberle incluido en la selección de 22 creadores vascos de las últimas generaciones celebrada en el invierno de 2001, a pesar de ser uno de los que marcaron época en los años 70 y 80, siguiendo perfectamente en activo.
El museo debía financiar la producción de las obras con «un presupuesto cerrado» que su director, paradójicamente, dijo ayer desconocer. Javier Viar remitió al abogado del centro para cualquier explicación. No obstante, una muestra de estas características ronda los 200.000 euros. Debía recoger pintura, collage, escultura, fotografía y performances, una variedad de obras y técnicas característica en este artista.
«No sé si la muestra la dejó apalabrada Zugaza, pero yo la asumí, porque me interesaba el artista y su trabajo; la suspensión no tiene que ver con juicios artísticos», se limitó a decir Viar. En una nota, la dirección asegura que «recientemente» Morquillas les había comunicado «la imposibilidad de realizar la exposición si el museo no se hacía cargo de diversas partidas económicas suplementarias no contempladas».
«El museo -proseguía la nota - no puede aceptar dicha medida de presión. Los nuevos requerimientos del artista y el incremento de coste que conlleva carecen de justificación, máxime cuando fue el propio señor Morquillas quien solicitó un aplazamiento de la muestra ante el retraso en la ejecución de sus trabajos para la exposición».
Cinco años de trabajo
«Mentiras, son todo mentiras», respondió rotundo el artista al repasar las razones aducidas para cancelar la muestra. «Es más, nadie en el museo se ha dirigido a mí al adoptar esta decisión, ni tenía idea de que pudieran llegar a esto; hace tres días, el museo recogía las obras de mi taller con destino a un almacén; aún no me han dicho dónde están, ni si han suscrito un seguro».
Según Morquillas, los aplazamientos son achacables sólo al museo, lo que habría originado unos «gastos de almacenamiento» que «lógicamente deben correr por su cuenta». El abogado de la pinacoteca precisa, en cambio, que «no hay gastos de almacenamiento si se tarda en entregar las obras».
El artista explicó que ha trabajado exclusivamente para esta exposición durante cinco años y «sin cobrar un duro; las piezas, por el contrato, han pasado a ser ya de mi propiedad y, sin embargo, no querido sacarlas al mercado», añadió en referencia a otra acusación del museo, para quien las «desavenencias» se remontan a «meses atrás», causadas por «otras pretensiones injustificadas, como mostrar las obras en galerías» antes de la inauguración.
Conocido por su trabajo conceptual y simbólico sobre tensiones políticas y sociales, y a la capacidad del arte para expresarlas, el creador achaca lo sucedido «a connotaciones políticas muy fuertes» que explicarían, «en síntesis, lo que pasa aquí». Morquillas nunca ha ocultado su sintonía con la izquierda abertzale.










