
El equipo de Houston se lleva a uno de los últimos grandes pívots ofensivos clásicos que aún reinaban en Europa. De paso, deja al TAU con un buen puñado de dólares pero sin su gran icono, el hombre que encarnaba el baskonismo sobre la cancha. Se va todo un líder, cuyas vivencias glosan la época dorada del equipo vitoriano. Desde la histórica campaña del 'doblete' -2001-02- y la posterior salida de Oberto y Tomasevic ha sido la gran referencia interior del conjunto azulgrana. Su marcha deja un boquete descomunal. Y no sólo en lo deportivo, sino también en lo emotivo.
La tardanza en dar el salto a la NBA contrasta con una carrera profesional que nació marcada por la precocidad. Captado por el Baskonia en la pubertad, comienza su período de rodaje en el Baloncesto Gijón durante la temporada 1998-99. Con el equipo astur logra el ascenso a la Liga ACB para convertirse un año más tarde en el jugador extranjero más joven que debuta en la máxima categoría. Lo haría con 19 años, un 4 de septiembre de 1999 con triunfo gijonés ante el Fórum. Su constante crecimiento a las órdenes de Moncho López, su gran defensor durante su cesión en Gijón, hace que la llamada al primer equipo baskonista no se haga esperar.
A la sombra
En la temporada 2000-01 se convierte en un tercer pívot de lujo tras Fabricio Oberto y Victor Alexander en la primera temporada de Dusko Ivanovic en Vitoria. Scola pule sus intermitencias y afila su mortífero juego de pies durante el año del doblete para después comenzar a ejercer de general.
A partir de entonces, apenas nadie la hará sombra. Con la llegada de Pablo Prigioni, ambos forman una sociedad que convierte el 'pick and roll' en un arte. Se suceden las tres participaciones en la 'Final Four' de la Euroliga y caen las Copas del Rey de Sevilla (2004) y Madrid (2006).
Luis Scola levanta ambas como capitán. Dusko Ivanovic se va al Barça, pasan por el banquillo azulgrana Pedro Martínez, Velimir Perasovic y Bozidar Maljkovic, pero hay algo que nunca cambia; el porteño es el eje sobre el que gira todo el juego. A su amplio repertorio ofensivo ya añade otros matices. Mejora su capacidad reboteadora y su lectura del juego al saberse la gran amenaza de todas las defensas rivales. El pasado 12 de junio jugó el último duelo de la temporada, el quinto de las semifinales contra el Barça. Cometió la quinta personal y se escapó rabioso hacia los vestuarios para después rectificar y volver junto a sus compañeros de banquillo. Una reacción visceral habitual de un jugador que odia perder, casi una premonición.





