
CORRESPONDENCIA
Sus evidentes dotes para la música le llevaron al trato con el Padre Donostia y otros compositores y musicólogos vascos. De entonces es igualmente el despertar de su profunda conciencia vasquista. Hacia 1926 empiezan a aparecer publicadas sus composiciones, con partituras que tenían textos en euskera y otras basadas en melodías tradicionales, que armonizaba con destreza. Hoy se sigue cantando, por ejemplo, la célebre canción 'Maitia, nun zira?' y otras con los arreglos de Uruñuela. En 1928 y 1929 presentó sus composiciones 'Aizta txinkurrun', 'Jorrai dantza' y 'Los caballeritos de Azkoitia', y más tarde 'El clavecín de Bendaña' ésta dedicada al P. Donostia; el cuaderno de esta obra tiene un hermoso grabado de Uralde en la cubierta. También son suyas las 'Canciones alavesas para voz y piano' y otras.
Exilio en París
Por aquellos años anteriores a la guerra civil Uruñuela residió en Baranbio, donde enseñaba txistu y tenía a su cargo el grupo de danzas (¿existe memoria de Uruñuela en el pueblo, por ejemplo, alguna placa?). A la caída de Bilbao, en junio de 1937, se exilió a París. Allí hizo una labor muy intensa con los refugiados vascos, singularmente con el grupo Eresoinka, que ofreció espectáculos de danzas vascas en Europa y América. Personalidades de la danza como Sakharoff, Béjart y Olaeta elogiaron encendidamente su trabajo.
Vuelto del exilio en 1942, y tras una corta residencia en Madrid, Uruñuela se estableció en San Sebastián, donde se ocupó de la Escuela de Danza, a impulsos de Manuel Odriozola, y de la Schola Cantorum, al tiempo que continuaba con su labor de recopilación de melodías del País. José Uruñuela murió en Donostia en 1963.
Reconocido en Vitoria
Después de su muerte, se dedicaron a Uruñuela unos conciertos especiales. Y en 1997 se creó en su ciudad natal un Conservatorio Municipal de Danza que lleva su nombre, pero después de diez años de actividad de la Escuela Profesional de la Danza Jesús Guridi.
Uruñuela tiene también una calle en Vitoria, desde 1969, junto a la calle Alboca y la de Heraclio Fournier. Hay que suponer que a instancias de Venancio del Val, melómano y amigo de Uruñuela.
Como tantas veces, hemos querido traer aquí una figura desconocida para tantos, lamentablemente.









