
LOS OTROS NIETOS DE LOS REYES
Lo hizo con una concha de plata sobre la pila de Santo Domingo de Guzmán y en medio de una preciosa arboleda. La niña, de dos meses y medio, recibió el agua sagrada dormida y sin rechistar. Su abuela, la reina Sofía, que iba vestida con una traje pantalón amarillo (indumentaria poco usual en ella) aprovechó el momento para hacer unas fotografías con su cámara digital.
El bebe, que vistió el mismo faldón color marfil que hace 69 años utilizó su abuelo paterno, don Juan Carlos, y que posteriormente también llevaron su padre don Felipe, su hermana Leonor, sus tías las Infantas Elena y Cristina y sus seis primos, mantuvo abiertos sus intensos ojos azules durante buena parte de la velada, sobre todo en la sesión fotográfica previa al bautizo. «Esta más despierta que Leonor y se porta un poco peor», comentó la madre a un grupo de periodistas.
«Se cría fenomenal con la leche materna, e incluso reclama la comida; pesa más que su hermana Leonor a su edad», dijo una orgullosa Letizia Ortiz, quien no soltó en ningún momento a su hija de sus brazos y llamó la atención de los periodistas: «¿Fijáos qué ojos tiene!». La infanta -a ratos con chupete-, recibió el nombre de Sofía de Todos los Santos, en sintonía con una larga tradición de la Familia Real. Tras la ceremonia, que empezó pasadas las 20 horas y duró cerca de tres cuartos de hora, los Príncipes de Asturias se acercaron con la niña hasta la ermita de la Zarzuela en señal de ofrecimiento.
Los invitados quedaron reducidos a los familiares de los Reyes (la única persona que no pudo asistir fue la infanta Pilar, hermana del Rey), los familiares de la Princesa de Asturias, autoridades de la Casa del Rey, altas instituciones del Estado, amigos personales de la Familia Real y el médico personal del Ruber Internacional que atendió a Letizia Ortiz.
Los primeros en cumplimentar a los Reyes y a los Príncipes de Asturias fueron la vicepresidente María Teresa Fernández de la Vega (vestida con un traje pantalón rosa palo), el presidente del Congreso, Manuel Marín, el presidente del Senado, Javier Rojo, la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, el presidente del Tribunal Supremo, Francisco José Hernando, el alcalde Madrid, Alberto Ruiz-Gallarón, el nuncio del Papa, Manuel Monteiro de Castro, y el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermeo, que actuó en calidad de notario mayor del Reino.
No pudo asistir el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de viaje oficial en México. El presidente envió un telegrama de felicitación desde el otro lado del Atlántico.
En la sesión fotográfica que congregó a las dos familias se pudo ver a una radiante Letizia Ortiz con un bonito vestido de encaje blanco y a una traviesa infanta Leonor que volvió a acaparar la atención de los invitados. La primogénita eludió nuevamente la vigilancia de los padres y correteó de un lado para otro. «¿Cómo está Leonor! No digo nada, sólo hay que verla», apuntó la princesa Letizia a los periodistas. Comentó asimismo que su primogénita tiene «más mimos» desde que nació su hermana, pero que es «muy cariñosa» con ella. Según ella, Leonor recién nacida era «una bendita», mientras que su hermana pequeña reclama cuando tiene hambre, «es más normal».
Fue la Reina quien en un momento determinado la retuvo en sus brazos. Los primos se portaron bien. Se les vio muy tranquilos durante la ceremonia, incluido a Froilán. Miguel, tercer hijo de los duques de Palma, se alivió del calor con un abanico (en algunos momentos del día se llegaron a alcanzar temperaturas superiores a los treinta grados).
Flores de Valencia
La segunda hija de los Príncipes de Asturias, nacida el pasado 29 de abril, tuvo como padrinos a su abuela materna, Paloma Rocasolano, y al príncipe de Vidin, Konstantin de Bulgaria, amigo personal de don Felipe. Durante el acto religioso se cumplimentaron todos ritos que mantiene la Familia Real desde tiempos de Felipe IV.
Así, además de recibir el sacramento con agua del río Jordán -enviada 'ex profeso' por los padres franciscanos desde Tierra Santa- se utilizó la pila de Santo Domingo de Guzmán, al igual que se hizo en los bautizos del Príncipe de Asturias, de la infanta Leonor y de las infantas Elena y Cristina. Se trata de una pieza románica del siglo XII realizada en piedra blanca sin tallar y recubierta de plata, reservada para cristianar a príncipes e infantes de España.
El coro de las religiosas Hijas de Santa María del Corazón de Jesús interpretó varias obras religiosas, como ya sucedió en el bautizo de la primogénita de los Príncipes. Las flores que adornaron los jardines de la Zarzuela fueron enviadas desde Valencia.







