
Es entonces, recién terminado el verano, cuando comenzarán las obras que el CEA tiene aún pendientes de adjudicar. «Realizaremos plantaciones de arbolado para la restauración ecológica de estos terrenos y para crear una zona verde en torno al Zadorra», informó ayer a este periódico Fernando de Juana, jefe del área de Planificación y Proyectos del centro ambiental que depende del Ayuntamiento. «Vamos a continuar el acondicionamiento ambiental del río y para eso, lo primero es desalojar las ocupaciones ilegales, retirar los materiales acumulados y seleccionarlos para el reciclaje».
El propio De Juana reconoce «el abandono de la zona por parte del Ayuntamiento», que ahora se pretende corregir. Lo cierto es que enfrente del pueblo de Crispijana, y de unos chalés que no encuentran comprador, se acumulan chatarra y desperdicios en una especie de vertedero antes de llegar a las huertas que sí explotan gentes como Joaquín Medina o Francisco Redondo. Los mismos que solicitan «la limpieza» del enclave y el derecho a permanecer en esas parcelas.
El CEA les remite a apuntarse en la lista de candidatos para trabajar los recuperados huertos ecológicos en Abetxuko. Quienes consigan un terreno de 75 metros cuadrados en el sorteo deberán su- perar después un cursillo de agricultura ecológica.
«Mejor que la medicina»
Medina y Redondo han recibido con desagrado la noticia de que deben abandonar sus huertos. Al primero le sirve «de distracción» y el segundo dice que encuentra «un recreo»; tanto monta que monta tanto. Ambos reclaman el aseo integral de la zona y preferirían permanecer en Crispijana que marchar a Abetxuko.
«A mí aquello no me interesa nada», dice Medina. «No me van a mandar hacer lo que ellos digan. Si no echas veneno para el caracol, aquí no comes ni una lechuga. Y allí no te dejan». Para su compañero, el traslado a Abetxuko sería «lo menos malo», pero prefiere que les dejen «tranquilos» en su actual localización.
Ambos se confiesan reacios a la vida de bar «porque hay gente que no nos adaptamos a eso». Al terminar la conversación, Redondo se emociona. Padece Parkinson y su huertito le genera, asegura entre lágrimas, «más beneficios que la medicina».







