
EN PLENO ESFUERZO. Mauricio Soler, ganador ayer. / REUTERS
Nadie le había preparado para la victoria. Mauricio Soler subió al podio como quien pisa la Luna. Le dijeron que saludara a un tipo bajito que le sonreía. Lo hizo. Un desconocido más. Un tal Nicolás Sarkozy, el nuevo presidente de Francia. Le dieron flores y placas. Y no sabía dónde ponerlas. Le preguntaban en francés, en alemán, en inglés. Y él, como si nada. Contaba su historia, independientemente de las preguntas. Era un vencedor inesperado. Incluso para él. «Me hice ciclista con 16 años. En mi primera victoria le cogí dos vueltas al resto. Entonces comencé a soñar con estar un día en el Tour. Con una etapa». Cumplido. Botero, último ganador colombiano, ya tiene sucedor. Y Lucho Herrera, heredero.
Soler y Herrera son vecinos. De Ramiriquí, en el altiplano. Soler también es alto: 1,84. Y 'escarabajo', la denominación de origen del escalador colombiano. «He salido un poco a lo loco. No conocía el puerto». Ahora, el Galibier ya sabe de él. Como la Colombière tras verle el sábado. Es el sucesor de su vecino. «Ya, pero mi ídolo es Induráin».
El navarro hijo de campesinos. Como Soler. «Soy de origen humilde». La primera bici se la pagó a medias el Ayuntamiento. Luego sus piernas la hicieron flotar hasta Italia. «En Colombia sólo corrí un año y gané cuatro vueltas». Ahora, ya tiene la novena etapa de su sueño infantil.