
LA PROHIBICIÓN
La normativa se aplica para impedir que las caravanas campen a sus anchas y conviertan Garaio «en un lugar de acampada sin autorización. Pernoctan y permanecen más de un día dentro del recinto», insiste el decreto. La constante presencia de este tipo de vehículos, motivada en gran medida por el notable incremento de visitantes que registra el parque año tras año, provocó la publicación de una orden foral en julio de 2006 en la que se prohibía esta práctica. El actual decreto va más allá y se encarga ahora de regular el uso público del parque.
De esta forma, no estará permitida «fuera del horario de apertura», la presencia en la zona de ocio de personas y vehículos «ni su permanencia», salvo, como es lógico, el personal de seguridad y mantenimiento. Las caravanas y autocaravanas podrán acceder al parque «en horario de apertura al público» y sólo al área de aparcamiento «a efectos de estacionamiento y hasta completar la capacidad».
El resto de los vehículos a motor se someterá a la misma normativa. Y es que cuando las plazas de estacionamiento se hayan completado «no se permitirá el acceso al parque». Además, la velocidad máxima en el recinto será de 30 kilómetros por hora, con prioridad absoluta para el peatón.
El decreto hace también especial hincapié en la circulación de motocicletas o quads. Deberán ir provistas de silenciador y sólo podrán transitar por los viales asfaltados. «Está prohibido el acceso y circulación por los viarios ecorrecreativos y restos de superficie del ámbito del parque», detalla.
Peatones
La Diputación regula además aspectos que afectan a los peatones y a su comportamiento dentro del recinto. Se prohíbe cortar flores, ramas y frutos silvestres, molestar a la fauna o inferir daños en las zonas de nidificación de las aves. Tampoco se podrá encender fuego, excepto en las barbacoas domésticas de los propios usuarios. Esta práctica estará vedada cuando «se prohíba hacer toda clase de fuego en una época determinada».
El uso de los aparatos de radio está regulado y se debe ajustar a los lugares asignados. Se demanda, además, el uso racional del volumen, «de forma que no moleste al resto de los usuarios ni al entorno».
Las personas y sus vehículos que incumplan estas normas serán desalojados del parque por el personal de vigilancia del parque, quienes podrán recabar la ayuda de los Minoñes.









