Según el Ejecutivo comunitario, la diferencia retributiva llega al 30% entre los trabajadores de 50 a 59 años y baja al 7% entre los menores de 30. También alcanza el 30% entre los graduados en enseñanza superior, mientras que se queda en el 13% entre los que han cursado estudios secundarios; y asciende al 32% cuando la experiencia laboral es de 30 años, frente a una diferencia salarial del 22% entre los trabajadores que tan sólo llevan de uno a cinco años en la empresa.
La situación y la discriminación por género -medida en la diferencia entre el sueldo medio por hora de hombres y mujeres antes de impuestos- figura en un informe difundido ayer en los países miembros.
El estudio identifica cuatro campos de acción: la mejor aplicación de la legislación existente; la actuación de los los gobiernos contra la diferencia salarial desde las políticas de empleo -la UE es partidaria de utilizar para esta causa dinero comunitario, en particular el procedente del Fondo Social Europeo-; la utilización de prácticas de responsabilidad social empresarial, y la implicación en la resolución del problema de los interlocutores sociales.
Origen y causas
Para Vladimir Spidla la diferencia salarial es, a veces, una cuestión de «pura discriminación, pero en muchas otras las razones están encubiertas» porque «las mujeres realizan más trabajos no remunerados, a tiempo parcial y en los sectores más baratos». En consecuencia, una de las principales causas de la discriminación es «la manera en que se valoran las competencias de la mujer y del hombre». «Por ejemplo -continúa el político europeo-, hay países en los que las niñeras ganan menos que los mecánicos, las cajeras menos que los almacenistas y las enfermeras menos que los policías».
La diferencia salarial también refleja desigualdades en el mercado laboral que afectan principalmente a la mujer. Las trabajadoras recurren más que sus compañeros al empleo a tiempo parcial e interrumpen su carrera profesional con más frecuencia, lo que afecta negativamente a su desarrollo profesional. Igualmente, las mujeres ocupan menos cargos directivos y encuentran más obstáculos y resistencia a medida que suben en su profesión. En definitiva, esto supone que la carrera femenina se ve frecuentemente interrumpida, reducida o ralentizada y, por tanto, peor remunerada que la masculina.





