Con la vela del quincuagésimo cumpleaños de Celedón, han vuelto a prenderse los ánimos de hosteleros y puristas, que prevén locales vacíos y un virginal pero fruncido ceño en el interior de una hornacina, respectivamente.
A pocos días de cualquiera de las opciones, la plaza en cuestión, como la catedral, sigue abierta por obras, al tiempo que Garaio cierra por maniobras; las de Diputación, que no ve con buenos ojos que el visitante monte la tienda de campaña, se entienda como se entienda la expresión, e importune a flora y fauna más allá de las once de la noche.
A su vez, también el Gobierno vasco ha decidido proteger por ley los nidos, con generosas ayudas económicas para quienes cuiden de las crías o miembros más dependientes de la especie, aunque suceda que en ocasiones éstas encuentran más peligro dentro de la manada que fuera, como parece haber demostrado el padre que en lugar de esconder a su hijo en una protectora bolsa, como haría todo buen canguro, lo puso a correr delante de un toro en los Sanfermines.
A toro bravo se enfrentan asimismo las casi diez mil personas que en otoño correrán detrás de alguna de las escasas y escurridizas plazas de la OPE municipal; qué razón tenía Marisol al informar de que en esta ciudad la vida, la vivienda y hasta el trabajo son una tómbola.









