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El mal tiempo vacía las terrazas y provoca pérdidas en los comercios
Los bares cifran en un 50% la bajada de clientes en los veladores y las tiendas de electrodomésticos dicen que venden menos ventiladores y aparatos de aire
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El mal tiempo vacía las terrazas y provoca pérdidas en los comercios
VACÍAS. Las terrazas de la plaza de España, este verano, lucen lánguidas y solitarias. Las temperaturas tan bajas no invitan mucho a sentarse en la calle. / NURIA GONZÁLEZ
Al mal tiempo, cara de perro. Poner una sonrisa a las nubes y el frío supone este año un reto realmente difícil para los comerciantes y los hosteleros de Vitoria. Los dos sectores están sufriendo importantes pérdidas económicas debido a unas temperaturas más propias de marzo que de pleno estío. Y no es exagerar. En los veinte primeros días del verano, el barómetro registró una media de 16,5 raquíticos grados. Y, para más inri, los meteorólogos vaticinan que los próximos meses tampoco serán «cálidos».

Más madera para los dueños de bares y cafeterías, cuyas terrazas ocupan las calles de la ciudad desde la primavera. El sol parece haberse ido de vacaciones este 2007. «A estas alturas del verano, el año pasado las mesas estaban llenas y no dábamos abasto. No como ahora. Apenas hay la mitad de gente», se lamentaba ayer Auisa, la encargada del Café Moderno, en la plaza de España ante un recinto repleto de sillas vacías.

El cielo plomizo y la lluvia que cayó durante las primeras horas de la mañana disuadió a los vitorianos de tomar el café al aire libre. Todos estaban a cubierto. «Las ventas han bajado mucho. Calculamos que alrededor de un 50%. Esperamos que en las fiestas podamos recuperarnos de las pérdidas que estamos teniendo», decía esperanzado Pablo Pau, camarero y socio del bar Porky's, en la vecina plaza de la Virgen Blanca.

En Dato, donde habitualmente proliferan los veladores la situación no es mucho mejor. En Casablanca I apenas un puñado de parejas osaba ayer sentarse fuera. «Las mesas al aire libre son el punto fuerte de la cafetería y hemos notado mucho el bajón», admitía uno de sus camareros, Mario Robauri. Su compañero, Alberto Porras, disentía un poco. «No ha bajado demasiado. Entre las cuatro y las nueve de la tarde la gente sigue sentándose fuera», decía para corregir, al instante, su apreciación. «La verdad es que las noches están lánguidas. Con este frío y no apetece salir».

Tampoco las terrazas del bar Marañón parecían ayer apetecibles. Ni para vitorianos ni para turistas. «Este verano está siendo muy flojo. Sólo a ciertas horas, y si no hace demasiado fresco, la gente se anima a tomar algo en la calle», apuntaba Cristian Cebrián, camarero del establecimiento.

Sin ventilación

La venta de ventiladores y aparatos portátiles de aire acondicionado es igualmente sensible a las oscilaciones en el barómetro. Y este año la curva de negocio ha descendido en picado. «Hasta ahora, ha bajado entre un 40 y un 50% respecto al año pasado», calcula el encargado de los pequeños electrodomésticos de Mediamarkt. «Para que la gente se anime a comprarlos, dependemos de que haya una semana fuerte de calor. Los clientes aguantan unos días las altas temperaturas y, después, vienen a comprarlos cuando ya no pueden más, y este año eso no se ha dado», explicaba.

En Electrodomésticos Echarte, asisten a este otoño estival con idéntica preocupación. «Las ventas se han mermado un 60%. No ha hecho calor y la gente ni siquiera pregunta por ellos», relataba Marian Martínez, una de las dependientas.

La mala racha de los vendedores de electrodomésticos, los bares y las cafeterías no parece afectar paradójicamente a las tiendas de ropa. Al contrario. «Esta está siendo una muy buena campaña. La gente se aburre con este mal tiempo y, ¿qué hace? Comprar, aunque sean prendas muy de verano», asegura la encargada de Massimo Dutti.

Las boutiques, a tope

No es un caso asilado. Vanessa Cordero, dependienta de Pimkie. corroboró el argumento. Tanto es así, que desde que ha comenzado el verano «no hemos parado de trabajar. Incluso hemos vendido más que el año pasado», decía encantada sin parar un minuto de doblar ropa.

Para la responsable de Mango también está siendo un «buen mes», aunque admite que la facturación ha disminuido un 10% con respecto a al campaña anterior. «Cuando hace malo se suele vender bien. A la gente le da igual que llueva o haga frío. Aunque los vestidos de tirantes no puedan ponerse en Vitoria, se los compran para llevárselos de vacaciones», afirmaba.

Bien diferente, sin embargo, es el panorama en la nueva tienda que Pepe Jeans ha instalado este año en la calle General Álava. Ni la ropa de verano, ni la de otoño ha tenido una gran salida por la loca meteorología. «A la gente no le apetece comprar. En los centros comerciales, en cambio, sí. Se animan porque van a dar un paseo y aprovechan», explican sus responsables.
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