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ÁLAVA
«Esto va p'abajo»
Miles de personas asistieron a la feria del ajo, que acogió menos puestos y público que en 2006
26.07.07 -
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«Esto va p'abajo»
UN NIÑO comparte su carrito con las ristras adquiridas por sus mayores en la feria. / IGOR AIZPURU
Las calles San Francisco y Portal del Rey, ese enclave vitoriano que ni Victoria Beckham ni el conde Drácula desearían visitar voluntariamente ningún 25 de julio, acogieron ayer la tradicional feria de los ajos. Aunque la jornada había amanecido radiante, los más madrugadores pudieron comprobar desde primera hora de la mañana que la presencia de vendedores era bastante inferior que en años anteriores. Los tenderetes improvisados que otras veces llenaban la zona estaban más espaciados entre sí y dejaban ver numerosos claros en el pavimento. Y, a mediodía, quienes voceaban sus reclamos para atraer clientes comentaban con un punto de resignación que el público , pese a ser muy numeroso, también había descendido respecto a años anteriores.

«Esto va p'a bajo, está muy flojo'», apuntaba Imanol, un navarro que vende ajos de «Corella y de donde sea, porque aquí todos somos mundiales», le espetaba después a un cliente que le inquiría por el origen del producto.

Y es que la procedencia de las toneladas de ajos expuestas era muy variada. Desde Falces o Corella, en Navarra; Arándiga o Placencia de Jalón, en Zaragoza; Las Pedroñeras, en Cuenca; o diversas localidades de Palencia o Zamora. También se apreciaban grandes diferencias en calidades y precios. Ayer podían comprarse ristras de entre 10 y 25 euros. «Sí, han subido mucho. Las que yo vendo cuestan 3 euros más que el año pasado», aseguraba Pedro Martínez, un agricultor de Peralta que atribuía el descenso del número de puestos a la bajada de la cosecha. «Ha sido más corta que en 2006 porque se han perdido muchos ajos por la lluvia», explicaba.

«Están muy caros»

Un diagnóstico que no compartían almacenistas, fruteros e improvisados vendedores instalados en la feria. «Hay menos puestos porque este año no es fiesta en Bilbao y en otros sitios, y mucha gente se ha quedado en casa para dedicarse a sus cosas», resumía Cristina en su tenderete.

Muy cerca, varias señoras anunciaban a otro vendedor que se iban a dar una vuelta en busca de liliáceas «más baratas». «Están muy caros. El año pasado pagué 12 euros por una ristra y los ajos eran fabulosos y más grandes que los que he comprado hoy por 16 euros», indicaba a este diario, María Ortega, mientras señalaba la bolsa que portaba su marido.

Entretanto, la voz de una joven que ofrecía cabezas al peso -a 3,95 euros el kilo- trataba de dejarse oír entre el gentío y la música de las charangas: «¿Venga, que se acaba el ajo, señor!»...
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