
A pesar de la discusión, el buen ambiente reinó durante toda la mañana. A la cita acudieron miles de personas -algunas con evidentes síntomas de resaca, y otras bastante perjudicadas a pesar de la hora temprana- que se agolparon para ver la tradicional carrera. Isabel Buesa, representante de la comisión de fiestas y de la cuadrilla Nekazariak, subrayó que ésta es una de las actividades que más gente atrae. «Si no hubiera carrera de burros, no sería el día de Santiago».
Por casualidad
Doce jinetes de otras tantas cuadrillas participaron en la 'competición'. El vencedor, Eduardo Medrano, reconocía al final que había acudido a la carrera por pura casualidad. «El jinete titular no llegaba, así que me he puesto yo y al final ya ves, he ganado», declaraba pletórico ante la docena de micrófonos y cámaras que le rodeaban, como si del ganador del Derby británico se tratase.
Cuando acabó la prueba, alrededor de las once de la mañana, los burros volvieron al camión del que habían salido apenas media hora antes. El ganadero Gabriel Urruela los trae desde el pueblo de Amárita, y los alquila a las cuadrillas al precio de 72 euros por cabeza. Para esa hora, los blusas ya habían empezado a dispersarse por las calles del centro y el Casco Viejo para seguir con la jarana.








