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CRÓNICA DE TOROS
Rivera rozó la puerta grande
26.07.07 -
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Rivera rozó la puerta grande
EL TRIUNFADOR. Desplante de Rivera Ordóñez tras colocar un par de banderillas al segundo de su lote. / IGOR AIZPURU
LLa primera temporada de la apuesta por la autogestión municipal de la flamante plaza de toros de Vitoria exige una crónica sui géneris. No al uso. Con el mayor de los respetos, al cuerno con las suertes y lances del toreo. Que de todo hubo. Hoy por hoy, tras varias campañas de desgobierno taurino en la capital alavesa -por más que lo intento no logro olvidarme de la infame gestión de la empresa Taurotoro- abordaré tres aspectos que considero básicos. Entrada. A ojo de buen cubero ayer tarde se cubrieron más de tres cuartos del aforo del coso. Casi lleno. Primer objetivo cumplido. Bendito sea el gran público. Y su regreso a la plaza de toros de Vitoria. ¿Bienvenidos¿ Cierto es que la empresa ha logrado su retorno acogiéndose al tirón popular de Jesulín de Ubrique, El Cordobés y Rivera Ordóñez, aprovechándose del valor añadido que ofrecen las revistas de papel cuché, ¿y qué? Allá donde son anunciados, los 'mediáticos' acaban con el papel.

Al margen de gustos personales se merecen el mayor de los respetos. Olé por ellos. Tiempo habrá en agosto de examinar el tirón de, por orden de antigüedad: Enrique Ponce, El Juli, Sebastián Castella, El Cid, José María Manzanares, etc. Y de Hermoso de Mendoza.

El toro. Reconozco que me intrigaba examinar las hechuras, el tipo y volumen del encierro que la empresa municipal considera prototipo del toro de Vitoria. Desde luego no podía, ni debía, ser el morlaco destartalado que se lidia en Pamplona, ni los arrogantes ejemplares que presentan en Bilbao y Madrid, ni las 'sardinas' de... No me tiren de la lengua. Vitoria es plaza de segunda, y como tal puede tomar ejemplo de San Sebastián o Santander. El toro de Vitoria debe rondar entre los 520 kilos, no importa que sea por debajo, pero sobre todo conviene que sea animal fino de cabos, bajo de agujas, con cuello, musculado, cuajado, íntegro. Sobre todo íntegro. No sé si me explico.

La corrida de Jandilla lidiada en el primer festejo de abono de la Virgen Blanca fue encierro muy desigual de volúmenes, en dos lotes; no obstante, los ejemplares lidiados en primer -a poder ser más bajo de agujas- y segundo lugar- menos ancho de sienes- son el camino a seguir. Mejor que olvidemos la basta e impropia lámina de los toros tercero, cuarto y quinto. Casualmente, los de peor comportamiento del encierro. Será que las hechuras no engañan.

Respecto del juego ofrecido por los astados, el primero fue toro que, pese a sus limitadas facultades, acometió con fijeza y prontitud tras los engaños. Se mantuvo en pie por casta. El segundo fue astado enrazado que siempre fue a más. Persiguió por abajo los vuelos de la muleta. En tercer lugar se corrió un zambombo sin clase alguna. Rebrincado y sin fondo terminó metiendo el hocico entre las manos. El segundo toro del lote de Jesulín también exagerado, no se empleó tras los capotes de brega y protestó en el caballo. Tocado con un punto de mansedumbre se desplazó al paso, sin emoción ni entrega. Una burra. El quinto, vaya si hay quinto malo, y basto, fue un inválido que debió ser devuelto a los corrales. El animalito no pudo con su alma. Pobre. El sexto tuvo buena condición. Y nobleza. Y raza. Todo lo quiso por abajo, otro asunto fue el planteamiento de muleta de Rivera Ordóñez.

Criterio presidencial

En tercer lugar y no por ello menos importante, es primordial que los espectadores, todos, aficionados y gran público se entretengan con lo que acontece en el ruedo. Y ayer los espectadores se lo pasaron de lo lindo. Por momentos. Se partieron las manos de tanto aplaudir a Jesulín frente a su primero. El diestro gaditano cuajó un meritorio trasteo. Aseado. Templado. En línea recta. Sin apreturas. Lo que exigió su oponente. También El Cordobés fue aplaudido con fuerza durante su primera faena de muleta. Labor de torero con oficio, hábil, solvente. Pocos repararon en la amplitud de espacios y huecos. Pero llegaron los desplantes y todos como locos. Falló con la espada y el descabello.

Rivera Ordóñez puso patas abajo la plaza entera en el sexto. Recibió al toro con dos largas cambiadas en el tercio de extraordinaria ejecución; lanceó a pies juntos con gusto y temple; banderilleó con garbo, y a toro pasado; y cuajó un trasteo dinámico, variado y efectista. Todo voluntad. Entrega total. Tras cobrar una estocada caída paseó un oreja. El público quiso unánimemente las dos. No pudo ser. Pese a la bronca. Afortunadamente, el nuevo inquilino del palco presidencial vitoriano tiene criterio. Y además lo mantiene. Con dos cojones.

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