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Cultura

una declaración de amor
Julian Schnabel toma la antigua Tabacalera de San Sebastián con sus pinturas
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Julian Schnabel toma la antigua Tabacalera de San Sebastián con sus pinturas
Julian Schnabel.
'Summer', la muestra que hoy inaugura Julian Schnabel en San Sebastián, es una declaración de amor a muchas cosas. A su familia, con retratos de su mujer y de sus hijos; a los materiales, encontrados en los lugares más insospechados; a la paz, «porque los que disponemos de tiempo debemos educar a la gente en el arte». Y sobre todo es una declaración de amor a un edificio, al de la antigua Tabacalera de San Sebastián, centro de producciones artísticas en ciernes.

El artista neoyorquino es contundente en su opinión sobre la recuperación de edificios emblemáticos. «Me han dicho que la idea es hacer un concurso entre arquitectos y me da miedo. No hay más que ver lo que ha hecho Jean Nouvel con el Reina Sofía. Antes era perfecto y ahora es una basura».

'Summer' (verano en inglés) es una de las épocas más importantes para la ciudad de San Sebastián con festivales como el Jazzaldia, la Quincena Musical o el Festival de Cine, y en verano es cuando Schnabel realiza la mayoría de sus cuadros porque le gusta pintar al aire libre. «Así puedo ver mejor, alejarme más de mis pinturas, verlas bajo una luz totalmente distinta en diversas horas del día. También, el tiempo afecta a las pinturas; la lluvia crea manchas, moho...»

Schnabel pronto tuvo claro qué cuadros quería enseñar en San Sebastián, los que más le gustan y que se encuentran en su colección particular, junto con otros de colecciones privadas europeas y americanas como las de Bruno Bischofberger, Gian Enzo Sperone o Marco Voena. «Se trata de la exposición más grande de mi vida. La que realicé en el Palacio de Velázquez, de Madrid tenía 50 obras y en esta he colocado unas 70», ubicadas en diecinueve salas.

Mapas y telas

Por fechas, 'Summer' comienza en 1982 y concluye hace unos días, cuando fue a mirar una casa porque tenía la posibilidad de comprarla. No lo hizo pero se llevó unos mapas antiguos sobre los que ha dado unos brochazos violetas.

Schnabel resalta el protagonismo de los materiales, tan importantes como las imágenes y recuerda perfectamente dónde los consiguió. «En esta lona, por ejemplo, pone Pablo porque la usaba la persona que pintaba mi casa y que se llamaba así. Se la cambié por otra nueva». Otras telas proceden de excedentes del Ejército; sobre ellas ha dejado unos intensos violetas.

En uno de los últimos cuadros del paseo se encuentra escrito en grandes letras el nombre de su mujer, Olatz. «Para comunicarme con ella le envié un cuadro. A su novio no le hizo mucha gracia, pero a mí me salió bien», recordó.
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