
CORRESPONDENCIA
Las claves de bóveda son un elemento muy importante en la decoración de las iglesias. En el libro se han estudiado 162 edificios de toda nuestra diócesis para darnos información de un modo de decorar que empezó a andar entre nosotros en torno a 1200 y decayó, aunque no totalmente, hacia 1600 por el surgimiento de otros modos de abovedamiento.
Como la autora dice en la introducción, las claves de bóveda han sido objeto de estudio anteriormente, y, por ejemplo, no quedaron fuera de la aguda mirada de Micaela Portilla en su magnífico 'Catálogo monumental de la Diócesis de Vitoria'. Pero ahora nos encontramos con una obra monográfica de extraordinario valor, por el que hay que felicitar a Ana Isabel Ugalde y a su maestra M. Soledad Silva.
Sentido pedagógico
Algunos autores habían ya apuntado que en toda España este capítulo de la decoración de los templos Vasconia figura como la más sobresaliente y la que mejor entendió las posibilidades de esta actividad. No hay que olvidar, ante todo, el sentido pedagógico que tenían las claves para mejor cristianizar a los fieles e introducirlos en los misterios de la fe o en las vidas de los santos.
Las claves reflejan mucho más que esas enseñanzas. Se puede seguir la vida cotidiana en muchas de ellas, o los propios avatares de las diferentes advocaciones.
Es muy de apreciar la concienzuda investigación llevada a cabo por la profesora Ugalde y más cuando la obra contiene nada menos que 600 ilustraciones en color. Ahora disponemos de un instrumento valioso para admirarlas.
Borrador de decálogo
Ya estamos en la temporada de buena parte de las fiestas en toda la provincia. Y nosotros volvemos a insistir en algunos aspectos que conviene tener en cuenta. Para un borrador de decálogo, diríamos que las fiestas no son el Carnaval, de manera que, por ejemplo, no sabemos a qué vienen los sombreros mexicanos y otras cosas parecidas en la vestimenta de los blusas vitorianos. Añadiríamos. además, que la canción no debe morir; es tristísimo oír un continuo 'la, la, la', por olvido de nuestras canciones, vascas o castellanas, o no oír nada. Y, naturalmente, pedimos el abandono de la absurda costumbre de ensuciarlo todo, y menos con la sola excusa de que ya hay servicios públicos de limpieza.
Respeto al carácter de la fiesta, de cada fiesta. Hay un sentido profundo que cada uno debe recoger, precisamente para un mejor disfrute.









