
Los jugadores que disputaron el encuentro de ayer se ejercitaron por un espacio de casi dos horas en uno de los terrenos de juego de un complejo deportivo acunado por la paz y la tranquilidad. Sólo los consejos del utrerano rompían el silencio de un entorno privilegiado en el que los rojiblancos forjan la columna vertebral de un conjunto que persigue evitar el sufrimiento de las últimas dos campañas.
El trabajo previo al partido consistió básicamente en las labores de colocación, presión y creación de espacios. El preparador andaluz configuraba la labor defensiva desde las primeras líneas de ataque, que ayer fueron para Aduriz y Llorente. Los delanteros tenían que presionar muy cerca de la portería contraria para recuperar la pelota con la mayor celeridad posible. «Un error de colectividad se debe a la falta de concentración y eso es inadmisible», advertía Caparrós mientras corregía los movimientos de sus hombres. «En el momento oportuno, hay que meter la sexta velocidad, no la cuarta ni la quinta, sino la sexta, cambiar el ritmo y 'matar'».
Después de trabajar los conceptos defensivos, llegó el turno de atacar. En la medular, Murillo y Javi Martínez llevaban la voz cantante. David López y Etxeberria se adueñaron de las bandas y Aduriz y Llorente se enfundaron el traje de ejecutores. Pero la sesión de ayer adoleció de dinamismo; era una especie de pizarra viviente con quince jugadores en el campo asimilando la forma de entender el fútbol de Caparrós. «El equipo también se equilibra a lo ancho», aleccionó, mientras explicaba la importancia de las bandas. El Athletic ya empieza a tomar forma.







