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LOS DECANOS DE LA MECHA
Las seis personas que han lanzado el Chupinazo de las fiestas de La Blanca en los últimos 28 años desvelan sus sensaciones e intercambian anécdotas
04.08.07 -
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LOS DECANOS DE LA MECHA
ESTALLIDO. María Jesús Aguirre prende la mecha del gigantesco cohete sujetado por Mikel Martínez, Patxi Lazcoz, Alfonso Alonso, José Navas y José Ángel Cuerda. / IGOR AIZPURU
Han sido los elegidos. Sólo catorce personas pueden alardear de haber lanzado el Chupinazo de La Blanca desde 1957, y varios de ellos ya han fallecido. EL CORREO ha reunido a parte de la historia viva de la fiesta, a aquellas personas que pueden contar que prendieron la mecha que hizo estallar de júbilo a Vitoria. El reto era citarles en la balconada de San Miguel para que compartieran sus recuerdos y revelaran sus sensaciones. El resultado: risas, anécdotas y una fotografía única.

Son las 17.30, el calor es implacable y, uno a uno, van llegando los integrantes de este 'dream team' de chupineros. Atención al equipo, porque es de órdago: José Ángel Cuerda -récord absoluto con 19 cohetes lanzados-, Alfonso Alonso -3-, Patxi Lazcoz -2-, María Jesús Aguirre, Mikel Martínez y José Navas -con uno cada uno-. Entre todos acumulan 28 años consecutivos de explosiones festivas.

Tras los saludos y los abrazos llegan las primeras caras de sorpresa. Los participantes sabían que el fotógrafo quería inmortalizar el momento, pero descubren que el reportero se presenta con un gigantesco cohete bajo el brazo que podría pasar por un misil Tomahawk. «Madre mía, ¿pero estáis locos?», clama Lazcoz. Alonso tampoco da crédito. Navas ríe junto a Martínez. Cuerda se ha presentado de la mano de su nieto Xabier, de 5 años, y el chaval abre al máximo los ojos que iluminan su traviesa cara. «¿Qué grande!» exclama.

Emoción

Alguien debe abrir el fuego. Basta una pregunta sarcástica y los lanzadores del Chupinazo hacen el resto. ¿De verdad hace ilusión tirar un simple cohete? (risas). «Pues a mí sí, -salta el alcalde Lazcoz- porque además yo lo prendí el año que se estrenó Gorka Ortiz de Urbina como Celedón». Martínez (PNV) añade que quemar la mecha es «una mezcla de orgullo y de responsabilidad», mientras que Cuerda -que intenta a duras penas que Xabier deje de hacer de las suyas- califica el acto como «un rito simbólico de pertenencia a la ciudad». Alonso (PP), su sustituto en el cargo en 1999, también lo tiene claro. «Hace mucha ilusión, sobre todo a los que están en la plaza. Durante unos minutos sientes que todo el mundo te mira». Y qué va a decir María Jesús Aguirre (ex concejala del PNV y ahora procuradora de las Juntas Generales), que llega 'in extremis' enfundada en un vestido rojo pasión. Ha sido la única mujer que ha prendido la mecha en 50 años. Fue el 4 de agosto de 2000, y lo recuerda como «algo emocionante, todo un honor. Los que no son vitorianos pueden decir 'qué tontería', pero fue único», resalta.

«¿Y si esto falla?»

Se ha roto el hielo y el grupo dialoga en tono desenfadado. Ya no hay políticos, regidores ni ex alcaldes, sino compañeros que charlan y comparten vivencias, pese a sus diferencias ideológicas.

Navas (EB) recuerda su Chupinazo como «un subidón de adrenalina», por la «impactante» visión de 40.000 almas que abarrotan la Virgen Blanca. El sentimiento es compartido. Pero el concejal de Ezker Batua añade que cuando él lo tiró «hacía pocos días que había muerto el chupinero de Ermua por un accidente. Cuando me acerqué al cohete y no vi una protección especial dije: ¿y si esto falla y me pasa algo?».

Alonso entra en el juego y recuerda que en su primer año «había un dispositivo especial en el que sólo había que apretar un botón y salía el cohete. Pero no funcionó». ¿Y cómo lo prendió? «Fácil, me dieron un cigarrillo», responde. A Martínez, en cambio, le entregaron «una bengala». «Pues a mí un chisquero, un mechero de estos antiguos de rueda», afirma Navas.

La conversación avanza y sirve para comprobar que todos los participantes critican el «vergonzoso» lanzamiento de objetos a la balconada. «Cuando tiré el Chupinazo me dijeron que a lo mejor no prendía la mecha porque estaba mojada de yema de huevo», resalta Martínez.

El descorche de champán también preocupa, y mucho. La concejala de Cultura, Maite Berrocal, ha hecho un llamamiento para evitar la proliferación de botellas en la bajada de Celedón de esta tarde. La opinión es unánime: «Los vidrios provocan accidentes y la gente mayor no se atreve a entrar en la Virgen Blanca». Alonso remarca que «esto no es la batalla del vino de Haro ni nada parecido». Martínez le corta al instante: «Alfonso, no des ideas». El alcalde, Patxi Lazcoz, apela a la tradición y sueña con que en 2007 haya «un gesto» masivo que lleve a los ciudadanos a sustituir el cava por un buen puro.

2007, un «paréntesis»

El concejal del PNV le escucha y, como siempre, está al quite. «¿Vale, pues puedes regalar puros a la gente!», le responde. Y Lazcoz le replica con sorna: «buff, me he encontrado la caja fuerte del Ayuntamiento llena de telarañas... ja, ja, ja». Total, que al final el intercambio de puyas le termina salpicando a Alonso, que salta como un puma. «Bueno, vamos a ver. Nosotros hemos gestionado bien el dinero y el último pacto presupuestario lo hicimos con los socialistas...». Cuerda intenta controlar a su frenético nieto, que acaba de golpearse la cabeza con las rejas de San Miguel. No ha sido nada.

Todos ellos han sido y serán para siempre chupineros, pero la tradición de que un político lance el cohete se romperá porque esta tarde prenderán la mecha los 'padres' de Celedón. Es curioso, pero el más mayor de los asistentes, el ex alcalde Cuerda, es el único que aprueba que este gesto se haga más a menudo. «Es igual quién lo tire, tiene el mismo valor. Yo lo hice durante tanto tiempo porque nadie planteó lo contrario. Creía que era mi obligación».

El resto prefiere que el Chupinazo de 2007 sea «un paréntesis» y respalda el turno rotatorio que impulsó Alonso a partir de 2000. «Nosotros representamos al pueblo y cada año tira el cohete un partido. La fórmula me gusta», defiende Martínez. Lazcoz le tranquiliza: «De momento no me planteo cambios».

Y al final, la foto. Varias generaciones unidas por un cohete que conforman el simpático cuadro que ven arriba. Xabier alucina. Los peatones también. Y una señora que barre el soportal de la iglesia se acerca y pregunta: «¿Eso no explotará ahora y me llenará la balconada de confeti... ¿no?».
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