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CON LA FIESTA A CUESTAS
Bajo las faldas de los diez gigantes y ocho cabezudos de Vitoria se esconden jóvenes del colectivo Solasean
04.08.07 -
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CON LA FIESTA A CUESTAS
ÚLTIMOS RETOQUES. Kerman Uriol tiene 21 años y decidió hace tres dar vida a los gigantes. / NURIA GONZÁLEZ
No es una familia común. Aspiran a llegar muy alto, y no porque sean ambiciosos, sino porque miden más de tres metros y algunos superan los 50 kilos de peso. Los diez gigantes de Vitoria, acompañados por ocho 'rebeldes' cabezudos, ya están listos para darle un año más un toque de tradición a las fiestas de La Blanca.

Las dos parejas de aldeanos procedentes de la Montaña Alavesa y Aramaiona bailarán estos días al ritmo del txistu y los tambores, junto a los Regüeveros y los nobles reyes de la baraja española. Cada miembro de esta 'gran familia' es conocido por la sociedad alavesa, pero son pocos los que saben quién se esconde bajo las remendadas faldas y las desproporcionadas cabezas del 'Escachapobres' o el 'Ojo Biriqui'.

Los herederos de esta tradición popular forman la Asociación Promocional Cultural Solasean, formada por 36 jóvenes que darán vida a estos personajes populares, así como a los caballos, sotas, toros de fuego, y también al famoso y a la vez temido, Gargantúa.

Los anónimos gigantes y cabezudos no le tienen miedo ni al peso ni a la altura de las figuras, y tampoco a los golpes que puedan sufrir por parte de los niños. Pero sí temen perder el equilibrio durante los bailes, y que las enormes imágenes, que con tanto mimo cuidan el escultor, Javier San Miguel, y la modista, Charo Iturralde, puedan caer al suelo. «Cuando vengo a retocarlos y a dejarlos listos para las fiestas siguientes, cruzo los dedos para que no haya demasiados destrozos. Pero, en general, aunque se caigan, siempre resisten. Son duros de pelar», cuenta San Miguel.

Y es que cada año, como si fuesen estrellas de Hollywood, estos coquetos gigantes y cabezudos creados con material de poliéster y fibra de vidrio pasan por el 'camerino' para engalanarse antes de salir en la función. «Es un orgullo verlos en la calle. Es como si fueran mis hijos, igual que una escultura. Cada una tiene su historia», reconoce el artista.

Después de arreglarlos, entran en acción los jóvenes de la comparsa Solasean. Al frente del 'batallón', están David y Diego Díaz. A pesar de sus 24 años, David ya es todo un veterano en estas lides. «Empecé como cabezudo animado por mis hermanos. Me gusta mucho este trabajo, porque sacas partido de las fiestas. No todo es salir por la noche y dormir durante el día», concluye el joven.

El 'Escachapobres' es su preferido, y el que menos le gusta interpretar es 'Ojo Biriqui'. «Es el más famoso entre los niños y van a por él siempre. Cuando te pegan en la cabeza, hace un ruido impresionante dentro y con la resaca por los excesos de la noche anterior, lo pasas un poco mal. Pero eso es lo de menos», asegura.

Estreno

Pablo Osúa se estrena como gigante de la mano de su hermano que le incitó a entrar en la comparsa. «De pequeños los veíamos y nos gustaban mucho. Así, contribuyo a continuar con esta tradición tan típica de Vitoria».

Antes de salir a escena ha estado entrenando unos días. «A lo que más miedo tengo es a perder el equilibrio y hacer mal los bailes. El viento también puede ser un mal compañero». A pesar de los frecuentes temores de principiante, Pablo se siente seguro. Es más, no piensa cambiar la rutina festiva de otros años. «Saldré a tomar unas copas con mis amigos hasta las ocho de la mañana y después dormiré unas horas para recuperar fuerzas», apunta.

David ha sido el encargado de mostrarles los trucos para mover a los 'pesados' personajes. «Se forma una pareja por cada gigante, y se va rotando. Cada baile durará más o menos dos minutos, y entre canción y canción se hace el cambio para descansar», les explica.

Al preguntar a cada uno de ellos cuál es el gigante menos deseado, todos coinciden: «Los Regüeveros, que pesan un huevo. Quizás se llaman así por eso», coinciden. Pablo añade que quizá hubiese preferido ser cabezudo. «Tiene pinta de ser más divertido», opina.

Más claro lo tiene Kerman Uriol, que gracias a un amigo ha descubierto su vocación de 'bailar' gigantes. «El primer año fue de prueba. Me gustó la experiencia y he repetido dos años más», relata.

Al igual que sus compañeros, no duda en afirmar que lo mejor de este 'trabajo' es «el ambiente. Somos como una familia y lo pasamos muy bien juntos», asegura.
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