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Vuelo seguro
Seis técnicos repasan cuerdas y poleas para garantizar la Bajada del símbolo de La Blanca en cinco minutos
04.08.07 -
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Vuelo seguro
SAN MIGUEL. Ramón Langaran comprobó ayer el sistema. / N. GONZÁLEZ
Tres cuerdas de 200 metros de longitud dirigidas por una doble polea. Éstos son los elementos que necesita Celedón para emprender esta tarde un vuelo seguro desde la torre de San Miguel hasta el balcón de la calle Postas. En apariencia, un dispositivo sencillo que, sin embargo, requiere de un minucioso montaje y de la constante supervisión del equipo encargado de la instalación, dirigido por Arkaitz Erkiaga.

La madrugada del 1 al 2 de agosto y, bajo la complicidad de la noche, siete sombras se mueven en sigilo y dejan todo a punto para que el personaje más aclamado de las fiestas surque hoy el cielo con total seguridad. La labor de los técnicos de la empresa vizcaína UR comienza a medianoche. «Los de 'Villarriba' suben al campanario, donde se coloca el anclaje de la cuerda, que se amarra a la estructura del campanario en una reunión de puntos de sujeción», explica Erkiaga.

Entretanto, el resto del equipo hace lo propio en el balcón donde Celedón toma tierra. Anclada la cuerda, se procede a su tensado. «Procuramos pasar desapercibidos para que no se pierda el encanto y la sorpresa de los ciudadanos cuando al día siguiente descubren que la tirolina está ya instalada». Aunque es la única visible, la cuerda que cruza por el aire la plaza de la Virgen Blanca no garantizaría una bajada segura si no estuviera amarrada a otras dos sogas de 200 metros de longitud que, enganchadas a una polea doble que mueve el muñeco hacia arriba y hacia abajo, aseguran el vuelo del entrañable Celedón.

Bajo una sábana

Con todo listo, llega el momento del ensayo general: Celedón de trapo asoma por lo alto para comprobar su estabilidad. «Lo cubrimos con una sábana para que nadie pueda verlo antes del gran día. Es la única diferencia con la bajada real, ya que debemos cerciorarnos de que todo está correcto para que no falle nada», admite Arkaitz Erkiaga.

Hasta el tiempo se cronometra al segundo el día del ensayo general. Está establecido que el muñeco tarde del orden de cinco minutos en tomar tierra y los técnicos encargados de conseguir un engranaje perfecto así lo estipulan. «Puede oscilar unos segundos, pero ése es el tiempo marcado. En cualquier caso, mejor que tarde diez segundos más que diez menos porque la gente siempre en la plaza siempre se queda con ganas».

A medida que avancen las fiestas, estos vigilantes sin rostro continuarán cuidando las cuerdas, que desaparecerán sin dejar rastro con el ascenso de Celedón a los cielos. Primero, toca disfrutar.
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