
Lo que ocurre es que se cumplió demasiado, ya que el sol a plomo derretía la plaza y la balconada de San Miguel, con el único alivio de los litros de agua esparcidos por los bomberos desde un camión en la misma plaza o los litros de cava de los miles de botellas descorchadas. Para celebrar el 50 aniversario de Celedón, esta vez no fue ningún político el que prendió el cohete anunciador, sino Amado López de Ipiña, uno de los que entonces eran mozos y organizaron la primera bajada del muñeco en 1957.
Así, un año más, el muñeco que simboliza a 'Celedón', ataviado con el traje de aldeano alavés, recorrió por los aires la plaza de la Virgen Blanca usando su paraguas, fundamentalmente, de sombrilla. Mientras, el humo de los miles de puros, cuanto más grandes, mejor, y el cava, usado a medias para beber y a medias para remojar, le daban la bienvenida.
Dos por el precio de uno
Al término del vuelo, en el otro extremo de la plaza, el muñeco se "convirtió" en Celedón de carne y hueso. También con motivo del 50 aniversario, esta vez el Celedón, Gorka Ortiz de Urbina, fue acompañado por su antecesor, Iñaki Landa.
Ambos -por primera vez en la historia fueron dos- recorrieron por tierra, entre los apretujones, vítores y riegos con cava de la gente, el camino inverso para acudir de nuevo a la balconada de San Miguel. Los dos 'Celedones' recibieron "sauna y masaje" por parte de los miles de personas que querían tocarles en su trayecto por la plaza.
Dicen que el que le toca, liga, así que los Celedones y los blusas que le abrían camino se llevaron innumerables caricias. Gorka Ortiz de Urbina e Iñaki Landa pudieron llegar sonrientes a la balconada, donde entre los sones de la típica canción de "Celedón ha hecho una casa nueva, Celedón, con ventana y balcón", declararon inaugurados los festejos, y dieron los tradicionales vivas a Vitoria y a la Virgen Blanca.
Nuevas sensaciones
El siguiente acto destacado de las fiestas será esta noche, con la procesión de los faroles, que data de 1855, espectáculo de luz y cristal en el que participarán 300 cofrades, 247 faroles y 20 carrozas. Este año tiene un atractivo más, ya que la iglesia de San Miguel se iluminará al comienzo de la procesión.
A medianoche, concierto del grupo vitoriano Potato, que se despide de los escenarios, en la plaza de los Fueros, y si se estira un poco la madrugada, se puede asistir al tradicional Rosario de la Aurora, un acto que ha resurgido en los últimos años y que suele contar con gran asistencia, a pesar de las primeras resacas y de la hora a la que se celebra: las siete de la mañana.












