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A conceptos como pueblo y patria se une el gusto por el orientalismo y lo exótico. Glinka, por ejemplo, era un buen conocedor de España. Pero aunque la trayectoria de ambos compositores marchó junta, la vida de Musorgski fue más desordenada y triste que la de Korsakov. De hecho, éste último, perfectamente asentado en lo profesional y familiar, dedicó los últimos años de su vida a reordenar el legado y terminar algunas piezas de su amigo, como es el caso de la ópera 'Khovanschina'.
El fascículo que ofrece esta semana EL CORREO incluye algunas piezas y fragmentos de sus obras más significativas, de tal forma que permite tener un primer acercamiento a la potentísima composición rusa. Musorgski, un músico autodidacta lo mismo que Korsakov, compuso 'Cuadros de una exposición', su pieza más famosa, en 1874 con motivo de una muestra organizada por el crítico Vladimir Stasov, el mismo que dio el nombre al Grupo de los Cinco. La pieza creada para piano fue orquestada por Maurice Ravel en 1922, en una versión que es la que ha triunfado y que es la que ahora se presenta en este doble cedé. 'Scheherazade' y 'Capricho español' de Rimski-Korsakov resultan dos claros ejemplos del gusto por lo exótico, sobre todo Oriente y España, de los compositores rusos.







