
En la calle Postas, en bastidores, las cuadrillas iban cobrando fuerzas para enfilar una concurrida calle Dato. Faltaban escasos minutos para las cinco de la tarde y salvo sorpresa mayúscula, la puntualidad iba a ser una de las notas del primer desfile de las cuadrillas. Es el más relevante, quizá por eso, porque es el primero y los estragos de la fiesta aún no han hecho mucha mella entre los asistentes. Ni a ellos, ni a su impoluta presencia. Procesión, ofrenda a la patrona, comida de hermandad... Ayer era el día.
Pero dieron las cinco, las cinco y media y las seis. Y con el jolgorio del atardecer, la alegría se desparramó en forma de cerveza y kalimotxo. Ya fuera en furgonetas o en turismos tuneados para la ocasión -como el de Txolintxo, que cumplía su 30 aniversario-, todas las cuadrillas estaban bien provistas de reservas para soportar el calor. Porque calor, hizo un rato. Eso sí, con una permanente amenaza de lluvia que amagó con tormenta hasta en dos ocasiones. Una, al principio, en la salida de la primera cuadrilla (Txolintxo) y la otra, al final, cuando el primer toro de la tarde ya estaba en el ruedo y aún no había emprendido la marcha Gazteitarrak, la última del desfile.
La falla fallida
Las terrazas de Dato presentaban el cartel de completo y los balcones se convirtieron una vez más en palcos de excepción. Y si no, que se lo pregunten a las jóvenes que observaban la marcha desde Postas, confluencia con Dato. «Lánzate un be-so, ay rubia lánzate de un beso...», coreaban decenas de miembros de Galtzagorri. Al final se quedaron sin premio.
El público respondió y los blusas superaron con creces el millar. Un año más, los bueyes de Batasuna -Txulo y Apala- coparon el protagonismo. Ya en las pancartas, el ex alcalde Alonso fue la figura más recordada. También hubo espacio para la Pantoja, Julián Muñoz, Piterman y cómo no, para esa falla encargada por el Ayuntamiento que nunca llegó a arder.









