También resulta que el alcalde, al que tomo como figura principal y emblema -no es que le tenga especial tirria- ha decidido que contratará una empresa para que haga el estudio de necesidades del invento. Quiero creer que no entiendo el enunciado, que algo se me escapa en el para mí incomprensible lenguaje burocrático y de los políticos, porque en el caso de que quiera decir lo que yo entiendo, resulta que estoy definitivamente acongojado: ya hemos decidido construirlo, por lo que es el momento de plantearnos si es necesario. Tiene bastante tela, no me diga que no, señor Lazcoz.
Pero lo más bonito de todo es la aportación al proyecto de los chicos del PNV. Dicen que se debe construir, también, un aparcamiento de al menos quinientas plazas. ¿No iba a ser el paradigma de los lugares de espectáculos unidos al resto de la ciudad por el transporte público? ¿Incluso tranvía! Así, cierto conspicuo comentarista denigraba a quienes nos oponemos al palacio de Lakua porque lo hacemos basándonos en que las señoras podrían perder la permanente en el autobús. Pues no, gracias a la claridad de ideas del PNV, podremos ir en auto. Pero ¿no queremos una ciudad sin coches? Eso sí, para hacer la compra en una gran superficie o para escuchar un concierto y ver un 'arte escénico' nos mandan a la mayoría de los vitorianos al quinto pino.









