
Escoltada por los blusas, la Virgen Blanca giró hacia la cuesta de San Francisco, para comenzar el recorrido. La espera duró unos minutos interminables para algunos, que no dudaron en piropear a su patrona. «¿Guapa!», le gritó más de uno.
Por fin, cuando la protagonista del día estuvo lista, la comitiva echó a andar hacia el Casco Medieval, precedida y también seguida de miles de fieles que cantaban y rezaban a su alrededor.
La primera parada se realizó en la misma cuesta de San Francisco, donde la sociedad gastronómica Eliz-Azte engalanó a la Virgen con unas flores. «Es un orgullo verla por las calles de Vitoria. Llevo 60 años saliendo en el Rosario de la Aurora y siempre me emociono», aseguró Manolo Axpe, el encargado de entregar el ramo.
Durante el recorrido, las muestras de cariño se sucedieron y la talla se llenó de pétalos, sobre todo, del color que lleva su nombre.
Con la txapela en la mano en señal de respeto, Bixen Vadillo, de la cuadrilla de blusas Okerrak, recorría las arterias más céntricas de la almendra medieval. «Acompaño a la Virgen desde que era muy pequeño. Es algo muy especial por ese sentimiento que compartimos los vitorianos al ver a nuestra patrona pasear por la ciudad», aseguró.
«Sentimiento unánime»
Tomás Arceniega comparte esa devoción por la Virgen Blanca, «aunque es cierto que antaño ese sentimiento era más unánime».
Después de una hora y diez minutos, el cortejo llegó de nuevo a la plaza de la Virgen Blanca. Más de 30.000 personas se reunieron para ver llegar a la plaza más retratada estos días a la pequeña talla, el momento más emotivo de la procesión.
Los acordes entonados por los txistus marcaron el ritmo que llevó en volandas a la figura de la Virgen hasta la escalinata de la iglesia de San Miguel. Los fervorosos aplausos que acompañaron a la comitiva durante los últimos metros del recorrido demostraron el cariño que los vitorianos sienten hacia la Blanca. «Es la patrona de todos nosotros, mi patrona, y se merece todo el respeto del mundo». Palabra de Tomás.
La calurosa bienvenida se adornó de brillantes confetis caídos del cielo en honor a la protagonista del día. Todo es poco para honrar a la Virgen que da nombre a las fiestas de Vitoria.












