
El novillero, apodado 'El Vitoriano', debería llevar hoy dos días como torero. Iba a tomar la alternativa el día de La Blanca, pero su sueño se truncó de la forma más cruel y torticera: no había completado las veinticinco novilladas con picadores necesarias para doctorarse. Su apoderado, Mariano Jiménez, sólo pudo justificar veintidós, la última el día 4, la víspera de la alternativa, en Lodosa. Y eso que intentó hacer creer a Vitauri, la sociedad que organiza la feria vitoriana, que Berbetoros había toreado el día 3 de agosto en tres supuestas novilladas en una misma tarde en un pueblo de Toledo.
Los problemas comenzaron cuando la dirección de Juegos y Espectáculos del Gobierno vasco requirió al apoderado la documentación que acreditase que había realizado al menos veintincinco novilladas. «Empezó a dar largas y a decir que no tenía todos los papeles, que los debía buscar. Por unas u otras cosas la situación se demoraba», confirmaron a EL CORREO fuentes de Vitauri.
Golpe de efecto
Pasaron los días y los papeles no llegaron, lo que comenzaba a inquitar a los organizadores del festejo y a los representantes del Gobierno vasco, quienes volvieron a reclamar al apoderado las actas. El tema pintaba ya muy mal, aunque aún quedaba un golpe de efecto.
Vitauri se reunió con Berbetoros el día 4 por la mañana para tomar una decisión. En ese momento llegó un 'documento' en el que se aseguraba que el diestro de Judimendi había toreado tres novilladas con picadores el día 3, a las cuatro, seis y ocho de la tarde, en un pueblo de la provincia de Toledo. «Fue una tomadura de pelo», aseguraron a este periódico. A las dos y media de la tarde se cayó del cartel.
El peor parado, como es lógico, Berbetoros, quien se ahogó en un mar de lágrimas. «Es un pena lo que han hecho con él», lamentan. De momento, no hay fecha para la alternativa, ni este año ni el próximo. Igual alguien le tiene que preguntar antes si le han quedado ganas de hacerse matador tras el mal trago vivido.







