
RESTO DEL PROGRAMA
RESTO DEL PROGRAMA
Sólo se escuchaban los sollozos de la pequeña Naroa, que se asustó nada más ver los primeros fuegos de colores. «Tiene 15 meses y esta es su primera vez», la disculpaba su padre, Alberto.
Toda la familia había acudido a ver el espectáculo pirotécnico pertrechados con bocadillos y refrescos como si fuesen a ver el partido de fútbol más emocionante de la liga. «Esto es como un camping, hay que venir bien preparados».
En el cielo, cohetes de mil colores se enzarzaron en una batalla de formas y figuras que no convencieron de todo al público. «¿Y estos ganaron el año pasado?», se preguntaba Alberto.
Los habituales aplausos con que los espectadores suelen premiar los fuegos artificiales se volvieron esta vez algo más tacaños. Eso sí, los últimos minutos fueron espectaculares. Palmeras y cascadas comenzaron a brillar en el cielo apagando las conversaciones que habían roto el silencio inicial. «Al final, ha merecido la pena venir», comentaban Alberto y Cristina.








