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La cantera blanca
El secreto mejor guardado de Celedón es su portentosa capacidad fecundadora. Ayer su multitudinaria prole tomó la calle para reivindicar con orgullo su paternidad
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La cantera blanca
EXCELENTES ANFITRIONES. Lydia Barreiro y Ander Viribay, en primer término, bailaron un aurresku, protagonizaron el Chupinazo mini y abrieron el paseíllo a los toros. REPORTAJE GRÁFICO: NURIA GONZÁLEZ
A lo largo y ancho de sus cincuenta años de vida se ha contado casi todo de él: Sabemos de su concepción, fruto del humor de nueve blusas; de su accidentado alumbramiento, de bruces contra el tejado de San Miguel; de su domicilio, un casa nueva que tiene ventana y balcón; de su vicio favorito, Montecristo A especial; de su cualidad previsora, siempre con paraguas; e, incluso, de los múltiples retoques estéticos a los que se ha sometido. Pero, sin duda, su secreto mejor guardado es su portentosa capacidad fecundadora. Lo que se dice, un fuera de serie.

Al cincuentón pero aún vigoroso Celedón le nacen hij@s por todas las esquinas. Ayer, su multitudinaria prole salió a la calle para reivindicar su paternidad y el orgullo de pertenecer a la cantera de La Blanca. Si no por decisión propia, por iniciativa de sus papás biológicos.

A Luis Bedia, un celedoncito de apenas medio metro de estatura, su día grande se lo amargó una madre obstinada en atornillarle una áspera boina. A Maider Larrabeitia, una neskita un palmo mayor, lo que le picaba era la curiosidad de saber quién se movía bajo las faldas de un gigantón de fibra de vidrio. Allí que se metió, ajena al soponcio de una abuela que creyó haber extraviado a la exploradora con pololos.

El Chupinazo mini cogió desprevenido a Unai Remírez, que pagó el susto del estallido seco del cochete dejando escapar de su mano un globo naranja y, a continuación, propinando un chut a su coche de paseo. Reprimenda ma-terna y monumental berrinche en una plaza de España a reventar de nuevas generaciones de aldeanitos de Zalduondo, deseosos de disfrutar, muchos a lomos de sus progenitores, de una bajada a su medida.

Una neskita a la batuta

Lloros, gritos, brincos y caras de auténtico pasmo acompañaron el fugaz vuelo del cosmonauta alavés a ritmo de los sones de una banda municipal magistralmente dirigida por una neskita. Después de mucho soñarlo, había llegado el turno de que Ander Viribay y Lydia Barreiro -la sexta pareja oficial de Celedón y Neska txikis- protagonizaran el multitudinario paseíllo. Ya en el escenario, tragaron saliva antes de hablar al micrófono para animar a la fiesta a sus 'hermanos' y regalar a Celedón Landa y Celedón Urbina dos señoras txapelas enmarcadas por su redondo cumpleaños.

Dos excelentes anfitriones. Así lo demostraron también una hora antes, con el ensayadísimo aurresku que bailaron frente a la hornacina de la Virgen Blanca, y ya por la tarde, abriendo a brincos un paseíllo a los toros que, eso sí, contó con escasa presencia infantil. Demasiado tute, sin duda, para la gran 'hijada' de Celedón.

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