
EL BLUSA
Vaya por delante que Idoia no milita en ninguna plataforma feminista. Ni siquiera se considera como tal. «Simplemente defiendo que hombres y mujeres tienen el mismo derecho a vivir las fiestas desde dentro, con las mismas oportunidades». Y así lo hacen en Hegotarrak.
Desde hace trece años, Idoia se enfunda el tradicional traje de neska -el negro de topitos blancos, que no el de arrantzale, importado de la costa, de los muelles de pescadores- a las ocho de la mañana del día de La Blanca y no se lo quita hasta la madrugada del 10. Lo lleva haciendo desde niña y lo seguirá haciendo hasta que el cuerpo aguante.
Máxime cuando, aun saliendo de neska, Idoia ha conseguido conciliar, y de qué manera, la vida personal y la profesional. De la fiesta, se entiende. Y es que su marido, Charlie Díaz de Otazu, al que conoció en la bajada de Celedón de 1994 -un año antes de que juntos crearan la cuadrilla- es también blusa de Hegotarrak. Entre ellos, pues, no media jamás una sola discusión sobre las vacaciones. El día 31 de julio, Idoia apaga la pantalla de su ordenador en la asesoría fiscal en la que trabaja, e inicia la cuenta atrás.
Cuidar las tradiciones
«Tengo que coger las vacaciones en agosto porque la asesoría cierra, pero si no fuera así me reservaría los días de fiestas sin dudarlo». Y es que, al margen de su «orgullo» de neska, Idoia es de las que cree que las tradiciones hay que «cuidarlas». «Como neska, tratas de transmitir a toda la ciudad esa alegría que tú sientes pero, si la gente se fuera, nuestro papel no tendría sentido».
En este punto, a la neska le viene a la cabeza el esfuerzo que durante todos estos años ha dedicado, con la ayuda de los más veteranos, a «tirar del carro». «Hace falta implicación y lo único que me da pena es que, a día de hoy, cuesta que te sigan las generaciones. Es complicado encontrar gente joven dispuesta a tirar del carro». Por eso Idoia tiene claro que, si algún día es madre, sus pequeños serán los primeros en heredar el 'espíritu blusa'.









