
CORRESPONDENCIA
En la cronología de la profesora Moreno Santabárbara (Universidad de La Rioja), el lector puede seguir rápidamente los pasos de Carlos Sáenz de Tejada, una vida un tanto azarosa. Nació en 1897 en Tánger, donde su padre era cónsul de España. En aquella ciudad norteafricana pasó sus dos primeros años, hasta que en 1899 la familia se traslada a la ciudad de Oloron-Sainte-Marie (Pirineos Atlánticos, entonces Bajos Pirineos). Hay que decir que Tejada se desenvolvía mucho mejor en francés que en castellano, situación que se reforzará al ir a vivir la familia a Orán en la Argelia francesa, hasta 1913, en que el artista se establecerá en Madrid, en la casa de unos tíos. En Madrid serán cruciales algunas relaciones, como su primo el escritor Ramón Gómez de la Serna y su tío Antonio de Lezama.
Guerra y posguerra
A partir de entonces el artista se prodigará en sus creaciones: grabados para libros, periódicos, murales, pinturas, etc. En aquella época conoció Laguardia, de donde procedía su madre. Y en 1915 será admitido en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Las amistades se amplían, con personas como los hermanos Zubiaurre, los esposos Robert y Sonia Delaunay, Sorolla, Benjamín Palencia, etc.
Entre 1926 y 1933 Tejada residió en París, donde trató a artistas como Picasso. Entre otros trabajos se encargó de los decorados del famoso 'Bolero' de Ravel. Su fama es ya internacional, y no serán raras sus ilustraciones en varias revistas norteamericanas. Era ciertamente Tejada un hombre muy laborioso y abierto al saber; por ejemplo, las primeras noticias escritas de restos arqueológicos, entre ellos los del poblado de La Hoya. Se deben a Tejada.
El estallido de la guerra le sorprende en la localidad de Laguardia, durante las vacaciones. Sin lugar a dudas, el mazazo que supuso pare él el asesinato de su primo José Gómez de la Serna, en el Madrid republicano, en abril de 1937, le empuja a colaborar en órganos de propaganda de los sublevados.
Una de estas colaboraciones quedó suspendida al comprobar Tejada que unos dibujos de la revista 'Vértice' habían sido retocados. Pero su actividad de artista político, si podemos hablar así, continuará con los tomos de 'Historia de la Cruzada Española'. Este trabajo también lo interrumpirá, por serias divergencias, si bien los editores seguirán utilizando sus grabados sin permiso.
Trabajo incansable
Hasta su muerte, Tejada trabajó incansablemente, con la plasmación de decenas y decenas de murales, buena parte de ellos conservados en Vitoria (otro apéndice del libro recoge el listado de los que existen en nuestra ciudad).
Estupendo libro sobre un destacadísimo artista, una aportación de mérito por la que felicitamos a los autores y también, porque es de justicia, a los hasta ahora responsables del Departamento de Cultura de la Diputación que ha dirigido Federico Verástegui.









