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Violadores en libertad
08.08.07 -
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Violadores en libertad
Los casos de delincuentes sexuales como el segundo violador del Eixample (fuera de prisión), o el violador de Vall d'Hebrón, que no se encuentran rehabilitados y tienen posibilidades de reincidir, conducen a preguntarse por los motivos de su puesta en libertad. La respuesta, en parte, se puede abordar desde la complicada intersección que se produce entre el marco legislativo penitenciario y la estructura de la personalidad de estos sujetos.

Los agresores sexuales padecen un trastorno grave en su estructuración psíquica y en su relación con el otro, y lo que buscan es que sus víctimas experimenten terror en un intento de dominar esos sentimientos en ellos mismos, ya que el otro representa a una parte muy íntima de sí mismo. Es por lo que hay casos de homicidios que terminan en suicidios, ya que matar al otro es en realidad matar una parte de uno mismo (matarse a uno mismo), sin la cual la vida se le hace intolerable. El objetivo del violador no es buscar el placer sexual (lo que no lo excluye), sino la dominación total de una persona indefensa. El fantasma que les dirige es el poder (dominar a una mujer), y buscan víctimas vulnerables: niñas, adolescentes, mujeres jóvenes y solas, ancianas o discapacitadas.

El segundo violador del Eixample seguía a sus víctimas hasta su domicilio, y abusaba de ellas en el ascensor o en un rincón del edificio donde residían. El agresor amenazaba a las menores con una navaja u otro objeto punzante sin llegar a la penetración. El violador de Vall d'Hebrón abordaba a las víctimas en la calle, sacaba una navaja o un cristal y las obligaba a acompañarle hasta un descampado donde realizaba la violación.

La desestructuración psíquica que afecta al agresor sexual no excluye que cuando es condenado y entra en la cárcel (lejos de su objeto víctima) se convierta en un preso ejemplar que acude sin resistencia a las terapias de rehabilitación y participa en las tareas ocupacionales. La prisión de Brians (Barcelona) ha sido la primera en aplicar de manera sistemática el programa de control de agresión sexual (SAC) (Garrido y Beneyto 1996). Se estima que el programa cognitivo-conductual que se aplicó en el estudio de investigación es eficaz para rehabilitar a los delincuentes sexuales; teniendo en cuenta que 'factores estáticos de riesgo' como la edad de los sujetos, la duración de sus carreras delictivas y el número de delitos que han cometido anteriormente condicionan la eficacia del tratamiento.

En algunos casos y dependiendo del diagnóstico realizado, la rehabilitación psicológica es muy difícil (nos enfrenta a lo que no es posible desanudar), ya que en estos sujetos no se produce una pregunta acerca de su implicación en los actos realizados, y el sentimiento de culpabilidad que produce el reconocimiento del delito es inexistente.

El segundo violador del Eixample ha salido de prisión recientemente sin rehabilitar, porque el tratamiento psicológico que recibió no tuvo éxito y al ser juzgado por el antiguo Código Penal de 1973 se benefició de redenciones progresivas de la pena. Este tipo de casos genera una enorme alarma social y produce diferentes propuestas que van desde el internamiento en psiquiátricos especiales, después de haber cumplido condena, hasta la realización de un seguimiento policial continuado, e incluso se sugiere la castración química (no elimina el deseo), de los condenados por este tipo de agresiones.

En concreto, el caso del violador de Vall d'Hebrón ha desencadenado que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) solicite a la Audiencia de Barcelona recurrir a la 'doctrina Parot' (permite que los reclusos cumplan íntegramente el máximo previsto por la ley), para evitar su excarcelación en septiembre ya que no se encuentra rehabilitado.

En cualquier caso, considero que hasta que se modifiquen determinados aspectos legales (como la creación de un registro de control de personas condenadas por agresiones sexuales) es deseable que se apliquen todas las medidas que permita la ley para evitar el riesgo de reincidencia, y aunar el derecho individual y el colectivo. Y una de las medidas de intervención más eficaces (si no se trata de un psicópata) es continuar el tratamiento psicológico de manera voluntaria fuera de la prisión, y ofrecer al delincuente sexual programas de apoyo psicológico y seguimiento de su evolución en libertad durante el tiempo que se estime necesario.

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