
Ayer, muchos de aquellos veteranos y nuevas incorporaciones -entre ellas, cada vez más neskas- se volvieron a ver las caras, todas relucientes, por trigésima vez. Tres décadas ya de 'desquite' que, para muchos, es, eso, terapia de vida. «Mire, hace dos años estaba recién operado de una cosa muy delicada, pero no pude quedarme en casa. Y no sabe cómo me sentó. Este año también estoy jodido, pero la blusa tira mucho. Es la mejor medicina. Aunque cada vez puedas beber menos vino...».
Lo contaba feliz y con la digital colgada del cuello Melquíades Álvarez, de 66 años, quien, como otros doscientos compañeros de correrías, madrugaron para empezar el día bendecido. Misa, ramo de flores a la patrona, foto familiar y... ancha es Vitoria. Un bote de siete euros por cabeza les dio para correr con los gastos parroquiales, de la ofrenda, del txoripan en el establecimiento de Artepan de Jesús Guridi y de los chiquitos y katxis de cerveza con los que se sofocaron.
El más «follonero»
La charanga francesa de los Armagnac y la de Laguardia no pararon de espolearles. Ni siquiera cuando, a mediodía, retomaron la visita que el año de su fundación hicieron al Hospital Psiquiátrico de Álava -antes, Las Nieves-, con motivo de su centenario, y de «rebajar la mala leche que muchas veces hacemos por tonterías», aclaró el incombustible Jiménez. Hasta las mismas habitaciones de los pacientes llevaron la música de Donnay y sus ganas de jota. Y el efecto fue instantáneo. «¿Ya le tratan bien aquí?», le susurró a un residente el compadre de Celedón. «Algunas están buenísimas y también son buenísimas como enfermeras», obtuvo por respuesta.
De regreso al corazón de la ciudad, desenfundaron la soga y demostraron de qué pasta están hechos. Y, muchos, sin doblar el codo, como Floren Garmendia. «No prueba el alcohol y es el más follonero», le promocionaba Pedro María Satrústegui. No sólo eso. El blusa abstemio, otrora el torero 'Magritas', se preparó de víspera para su día grande ¿hollando Urkiola en bici! «Y 75 abriles, maja. Esto nos hace felices porque es un canto a la vida y a Vitoria», proclamaba botella mineral en mano.
Al lado, Blanca Martínez de Ameskua disfrutaba de su vigésima salida mano a mano con su marido, recién estrenado octogenario. «¿Qué cosas! Antes, cada uno por su lado y ahora todo el día juntos por la calle, enterita para nosotros», se felicitaba la pionera neska. Y es que lo bueno de La Blanca es que no jubila a nadie. Menos aún, cuando se le ponen ganas, casta y una envidiable alegría.











