
EL CONCIERTO
Durante dos horas, la plaza se convirtió en una entrega recíproca, que contribuyó a combatir y caldear las frías temperaturas. Tras un inicio con un montaje audiovisual y Sonia, bailaora flamenca, zapateando sin parar, salió a escena esta banda surgida hace ocho años en la Barcelona del Raval. Compuesta por una decena de artistas con trayectorias diversas y un gusto en común: la libertad, la sensualidad de la música y el ritmo contagioso.
Esa libertad es la que da título a su tercer disco, Techarí, cuyo tema 'Respira' sirvió a la cantante Marina Abad para iniciar la diversión. Ataviada con una llamativa falda de lunares, boa verde y un tocado, no paró de saltar y bailar por el escenario, animando al público mientras se proyectaban paisajes idílicos y el sonido de los platos electrónicos hacía el resto.
Ni falta que hacía. La mezcla de bulerías con tanguillos funk de 'Color' y el punto latino con jazzy de 'Sultanas de merkaíllo' se ganaron a los asistentes, encandilados con la trompeta del cubano Carlos Sarduy y los bongos de Xavi Turull. Con 'Naita', de su segundo disco Barí (joya en caló), llegaron los «olés» del público.
Duelo musical
El rap, los teclados y la fuerza de las guitarras españolas se entremezclaron en el trash de 'Piedras contra tanques', dedicada a «todos los que ponen un grano en la montaña de arena para ser un poco más felices y libres». El clímax llegó con el tema bhangra 'Feedback' en un intenso duelo musical entre el baile flamenco y el rap, muy vitoreado. A continuación, Maxwell, Sergio y Xavi, los 'monstruos del cajón', dieron un recital acústico en 'Acción, reacción, repercusión', y la marcha siguió con 'Tanguillos marineros' y la 'Rumba dub style'.
La única balada del grupo, 'Corre, Lola, corre', dio un respiro melódico, que se recuperó con el ritmo latino de 'Bailaores', y 'Zambra'. Parecía la despedida, pero las peticiones del público animaron a seguir. 'Tahíta' y 'El confort no reconforta' calentaron motores para dos de sus temas más conocidos. 'Ventilador R-80', del calentamiento global, y 'Ná en la nevera', coreada por el público, que se resistía a dejarles marchar. Al final, la voz de Marina, repleta de matices, encandiló con 'Noches en vela'. Y por si fuera poco, el guitarrista Ramón cantó por bulerías con los asistentes. ¿Qué más se puede pedir?









