Una conducta pirómana puede corresponder a un trastorno del control de los impulsos o a un trastorno de personalidad. En el primer caso, pueden darse dos situaciones distintas. Una, en la que hay conducta irreflexiva, premura de la acción impulsiva y subestimación de las consecuencias inmediatas y posteriores a dicho acto. En otras, en cambio, entre el estímulo desencadenante y la conducta prirómana puede mediar una reflexión con sentimientos de culpa sobreañadidos. En estos casos, la resistencia a efectuar el acto se acompaña de ansiedad y malestar que únicamente ceden cuando se ejecuta la acción, es decir, cuando se prende fuego.
En otros casos, la piromanía se acompaña de un trastorno de la personalidad antisocial, con alcoholismo y/o abuso de determinadas sustancias. Estas personas son inadaptadas sociales que no presentan sentimientos de culpa por lo que hacen, que no respetan los derechos de los demás y que habitualmente presentan antecedentes delictivos, fracaso escolar y desajustes familiares. En muy pocos casos, la piromanía es consecuencia de trastornos psiquiátricos en los que la responsabilidad del individuo está disminuida.









