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«Siempre llego limpio a casa y mi madre ha tragado»
Con sólo dos años de experiencia como blusa, Íñigo tuvo el «honor» de escoltar a los dos celedones el día de la bajada
09.08.07 -
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«Siempre llego limpio a casa y mi madre ha tragado»
Apenas ha dormido cuatro horas, dieciséis desde que Celedón bajó de los cielos para robar minutos de sueño al personal, pero acude a la cita sin una sola legaña, impoluto y con ganas de «darlo todo» en la recta final de La Blanca 2007, su segunda feria con abono de blusa. ¿Que si tiene truco? No, tiene 18 años y eso se nota. Aunque no pasarse con el alcohol también ayuda, claro está.

Iñigo Sáenz es el yogurín de Bereziak, un recién llegado a la cuadrilla, que no un novato. Sobre sus hombros soporta ya el peso de una veintena de paseíllos, pero ninguno de ellos ha conseguido igualar por el momento al primero, al que supuso su bautismo como blusa. «Me entró un susto en el cuerpo... Fue impresionante ver a toda aquella gente pendiente de nosotros. Casi me da algo».

«Algo», o lo que es lo mismo, sudores fríos, sintió también su madre cuando su criaturita le comunicó que quería hacerse blusa. «No, no se mostró muy de acuerdo. Se pensaba que me iba a encontrar tirado en cualquier portal, pero como siempre he llegado a casa limpio y en buenas condiciones, se ha hecho ya a la idea y ha tragado». Y menos mal, habida cuenta de que son «papá y mamá» los que tienen que financiar la juerga de este estudiante de segundo curso de Ingeniería informática en San Sebastián e insolvente, por ende. «La cuota son 225 euros y, aunque me suele costar un poco convencerles, al final pasan por el aro».

Escolta de Celedón

E Íñigo se encarga de agradecérselo sacando el máximo jugo posible a las fiestas. Este año, de hecho, antes de calzarse la blusa y las abarcas -ésas que le machacan los pies, a pesar de llevar un par de calcetines bajo las medias- el blusa tuvo el «honor» de escoltar a los dos celedones -Iñaki Landa y Gorka Ortiz de Urbina- en el paseíllo hasta la balconada de San Miguel.

Y de tocarles, lo que, según la superstición popular, da buen fario a la hora de ligar. Pero, ¿ha surtido efecto? «No tanto como me esperaba por haber tocado a ambos, pero algo sí, claro», confiesa sincero. En este punto, Íñigo aprovecha la ocasión para agradecer públicamente el comportamiento de la gente que el día 4 «se portó fenomenal» en este inédito paseíllo. «Qué rápido han pasado los días...», acierta a decir cuando echa la vista atrás.

Hoy, Íñigo quemará el último cartucho antes de encerrarse «día y noche» a estudiar. Porque los exámenes, como las fiestas, no perdonan.
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