
LA PROGRAMACIÓN
-Vienen a Araia 'En pie de guerra'. ¿Cuántos conflictos recorren?
-No lo sé seguro. Nos hemos centrado en los del siglo XX. La idea era tratar la Historia de la humanidad, pero había tanto material que tuvimos que recortar, y esta época tiene mucho juego.
-¿Por qué?
-Porque utilizamos muchas referencias cinematofgráficas y, aunque hay filmes sobre Troya, se llevan la palma los de la Segunda Guerra Mundial o de la guerra fría. También tocamos algo de la Primera Guerra Mundial y un conflicto que podría ser actual.
-Con tanto enfrentamiento, ¿se mueren mucho?
-Cuando empezamos a escribir el texto, no se pegaba un tiro en ningún momento y no moría nadie. Al final, nos pusimos más malos y hay algún muerto. Pero es en clave de humor, incluso esto: todo es como muy jugado.
-¿Son más de risa los ejércitos en sí o los motivos por los que se enfrentan?
-Es un poco todo. Cuanto más épico es el tema o la situación, más pie te da para poder reírte. Hay cosas a las que sacamos más punta y otras, de humor muy blanco.
-¿Por ejemplo?
-Teníamos muy claro el referente de Gila, cosas como 'devolvednos las balas' o '¿a qué hora vais a atacar?' Se puede hacer humor de cualquier cosa, y la guerra es muy absurda. La mayoría de las veces, los soldados ni saben por qué están.
-La obra la han escrito entre tres. ¿Cómo han mezclado sus aportaciones?
-Ya tenemos experiencia, porque es nuestro tercer espectáculo. Hacemos una primera versión y luego cambian algunas cosas, tanto con aportaciones de los actores o de la dirección y puesta en escena. Es difícil manejarse entre tres, pero hay otros tantos tipos de humor y todo se ha debatido, lo que también te da una garantía.
Historias reconocibles
-'Cinema Maravillas', 'La Biblia según San Clown',... ¿por qué les gusta tanto la Historia?
-Nos da mucho juego. Son situaciones épicas y reconocibles por la gente: fáciles de parodiar. En el caso de 'La Biblia', todo el mundo conoce las historias de Noé o de Adán.
-¿Y el camino teatral del clown?
-Somos de la misma generación de la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza. Comenzamos a trabajar allí con la que ahora es nuestra directora, Amparo Nogués. Hicimos una muestra el último año y tuvo cierto éxito. Luego, cada cual trabajó por su cuenta y nos volvimos a reunir años más tarde. Hicimos 'Cinema Maravillas' casi con lo puesto y funcionó muy bien en varios circuitos. Y es algo muy divertido. Casi sin proponérnoslo, hemos acabado teniendo una compañía de clown.
-Hace poco, el director del Festival de Araia, Javier Alkorta, lamentaba la mala calidad de algunas cosas que se hacen pasar por clown. ¿Cómo les sienta cuando ven algo así?
-Mal, muy mal. Todo el mundo que se acerca al clown sanamente, se queda enamorado. Es una técnica difícil, que requiere mucha sinceridad y desnudarse mucho. La nariz es como una sirena, y se enciende en cuanto estás haciendo algo como no tiene que ir. Se nota muchísimo. Cuando ves que hay gente que se dedica a hacer el payasete y ya está... Es que no es lo mismo ser un payaso que actuar un payaso. Luchamos contra ese tipo de cosas -que dan la idea de 'para niños', voz aguda y hacer el idiota-, que han hecho mucho daño tanto al circo como al propio clown en general. Pero hay muchos buenos, que trabajan muy bien y evitan eso.
-Por cierto, sus narices son verdes...
-Las hemos pintado, no tenemos tanto dinero como para encargarlas verdes. Ya en 'La Biblia', las de Adán y Eva eran verdes y las demás, en distintos rojos. Las narices no dejan de ser una máscara, y buscamos darles un toque original. Aquí venía bien el color verde.









