
«Lo abrimos el 4 de agosto de 1971», recuerdan como si fuera ayer mismo. El local llevaba cerrado unos dos años y ellos lo levantaron a base de horas de trabajo, el empuje de un barrio de trabajadores y, sobre todo, de Araca. «Era como una ventosa para los soldados. Todos venían aquí», bromea Manolo. Y es que el Centro Instrucción de Reclutas (CIR) proporcionaba cada día al Etxabarri clientes por cientos.
El 'urtain' -ese plato a base de dos huevos, dos chuletas, y patatas fritas- se convirtió en santo y seña de un bar que cada tarde servía más de 100 meriendas a unos jóvenes que pasaban del rancho. «Cuando tocaba jura de bandera, más de 400 comidas. ¿Qué tiempos!», recuerda Encarna.
Cuando el CIR de Araca se trasladó a Gamarra, Manolo amplió el bar con una cervecería. Así, en una Vitoria en plena expansión, el Etxabarri se convirtió en una referencia para las celebraciones del barrio y de otras gentes sencillas de Vitoria. «Dábamos hasta siete comuniones a la vez», dice este hombre con un ojo clínico para el negocio.
Manolo, 62 años, y Encarna, 58, se jubilan. En poco tiempo entraran las excavadoras para dar paso a los pisos. «Ahora tengo que cambiar de vida. No sé si voy a saber», dice con nostalgia él.









