
Y es que el origen del singular compromiso asumido en 1963 por el presidente de la Diputación Manuel de Aranegui -la celebración de una misa anual en memoria de los Martínez de Aragón- tiene relación con la represión que algunos de sus miembros sufrieron en la guerra civil española. Aranegui tuvo que aceptarlo a cambio de que la familia, que es propietaria de la torre de Mendoza, cediera a la Diputación el edificio fortificado.
Alberto Martínez de Aragón, hijo de uno de los represalidos, desveló ayer a EL CORREO que su tía Teresa Arrieta, viuda de José Martínez de Aragón, conocido aviador republicano, pidió a Aranegui que se repusiera en el castillo una placa relativa a su marido. Al exponerle el responsable foral la dificultad de satisfacer su deseo, la señora Arrieta cambió su petición inicial por la de la misa, y pidió que el acto tuviera lugar en la ermita romática de San Vicentejo, en el Condado de Treviño, otra propiedad de la familia.
Un año más
Y como manda la tradición, el compromiso se volvió a cumplir ayer. El propio diputado general recordó que no se ha dejado de celebrar la misa en casi medio siglo. El político jeltzale aseguró que «he venido encantado porque es algo entrañable». Además, según añadió, «marca un modelo de colaboración con los propietarios privados para el mantenimiento del patrimonio histórico del territorio».









