
El mundo de Santiago Lorenzo es el real pasado por el túrmix de la ternura, las referencias a la memoria sentimental de treintañeros y cuarentones y una crítica a la familia y el Sistema. Fernando León podría haber rodado esta historia de un opositor sin blanca que, merced a un plan municipal, se va a vivir con un anciano para ahorrarse el alquiler. No le habría salido tan divertida.
'Un buen día lo tiene cualquiera' dista de ser una comedia redonda. Se empantana. Da vueltas sobre sí misma. Y hay personajes imposibles que se agotan en su descripción, como ese amigo del protagonista que vive y filosofa en un bar. La simpatía que despierta el filme proviene de la mirada de su director: cándida pero sagaz, sin pontificar ni situarse por encima de unos personajes que de buenos son tontos. ¿Cuántos realizadores han abordado el problema que más preocupa a los jóvenes, la vivienda? Que haya tenido que venir Santiago Lorenzo a tratarlo desdice el cacareado auge del cine social.







