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El museo de Arqueología toma forma con la instalación de las primeras placas de bronce
Una empresa especializada de Bélgica coloca las planchas que revestirán las fachadas y los promotores mantienen su apertura para junio, «pese a los avatares administrativos»
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El museo de Arqueología toma forma con la instalación de las primeras placas de bronce
PATIO CENTRAL. Mangado, el padre del proyecto, explica a un colega cómo quedarán las paredes interiores. / FOTOS: IOSU ONANDIA
El arquitecto navarro Patxi Mangado ha lanzado un órdago al equilibrio arquitectónico del Casco Medieval. «Prefiero una mala crítica, que la gente se implique, antes de que un proyecto pase desapercibido». El nuevo museo de Arqueología ya ha ganado este envite. Su concepción es diferente, rompedora. Con la colocación estos días de las primeras planchas de cobre que vestirán al centro, los ciudadanos pueden empezar ya a formarse una idea de cómo será el nuevo talismán de la colina.

Tras muchos «avatares administrativos» que han retrasado el proyecto más de un lustro, los promotores mantienen que su apertura se producirá el próximo junio. Hasta entonces, queda el trabajo menos grato: la instalación de todo el entramado eléctrico o de saneamiento, es decir, aquello que no se aprecia, «pero que no por ello deja de ser muy importante», subraya Mangado.

A la par, se colocarán esas placas de bronce que revestirán las tres fachadas del edificio -la que da a la calle Cuchillería, donde estará el acceso principal, la del Cantón de Santa Ana y la de Pintorería-. Los promotores, la UTE integrada por Dragados y Lagunketa, acaban de recibir el plácet municipal para iniciar su instalación. Las planchas, procedentes de Alemania, se encuentran en Vitoria desde hace meses ya que aquí se está llevando a cabo el proceso de plegado. La colocación la realizará una empresa especializada de Bélgica.

El equipo de Patxi Mangado ya ha dado el visto bueno tanto a la forma en la que se unirán las lomas como a la patina que se le aplicará al bronce y que dotará al edificio, a sus más de 6.000 metros cuadrados de fachada, de una apariencia más envejecida. Además de por su singularidad, la 'piel' del museo brillará en lo económico al copar un 35% del presupuesto -éste se eleva a casi 7,2 millones de euros-. El porqué de la elección del bronce se asocia a la filosofía del propio museo, a los hallazgos arqueológicos. Además, «es un material que lee el tiempo mejor que otros», matiza el padre de este «gran cofre».

Mangado ha cotejado estos días 'in situ' el avance de las obras. Arropado de un docena de técnicos, recorrió el edificio para pulir pequeños detalles y comprobar si lo ideado sobre el papel ofrecía el efecto deseado en la realidad. Salvo puntualizaciones concretas, todo marcha según lo previsto. «Tenemos que arrear», repitió. «Esta fase es la menos atractiva, parece que no se hace nada, que no se avanza, pero es de gran importancia», explicó en un breve receso.

El patio es el mejor catalizador del edificio. De hecho, está llamado a ser el espacio «más hermoso» de la construcción. «Es bastante metafórico. Será como un lugar de retiro, un espacio de encuentro dentro de toda la trama del Casco histórico. Este entorno -en referencia al Palacio de Bendaña y su colección de naipes-, se podría llamar la esquina de los museos», apunta el arquitecto navarro.

Cuando el visitante penetre en el complejo desde la calle Cuchillería, se verá rodeado de un edificio de tres alturas con el cristal como elemento diferenciador. La estructura metálica que ahora se observa también estará revestida de bronce, hilvanando así con el concepto artístico del exterior.

Un gran patio

Y es que el patio será la principal fuente lumínica del edificio. En el interior de cada planta -las paredes de las salas de exposiciones irán cubiertas de madera wengé- se han colocado unas columnas de cristal traslúcido -cada vidrio tiene un ángulo diferente- que dejarán pasar la luz que emita una instalación de fluorescentes. De hecho, ésta es la única iluminación que tendrán las dependencias interiores del museo.

Los quebraderos de cabeza de Mangado miran al exterior, al incivismo ciudadano convertido en pintada. «No tengo miedo, tengo mucho miedo a que se produzcan graffitis. Estoy muy irascible con este tema. Me parece una desvergüenza, algo dramático que a la gente le dé por pintarrejear edificios».

Un paseo por la calle Cuchillería y un simple vistazo a la fachada del Palacio de Bendaña no dejan mucho lugar al optimismo. «No entiendo cómo pueden pasar estas cosas en un casco histórico tan hermoso y tan rico. No es un problema ideológico ni político, es una cuestión de educación y civismo, una marranada que pasa aquí y en todas partes», denuncia Mangado.
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