
Sin embargo, en la parroquia de María Inmaculada están hartos de ver cómo la escalinata de la entrada, en la que confluyen las calles Magdalena y Monseñor Cadena y Eleta, se va degradando, a la vez que las ruedas de los patines y las zapatillas de los 'skaters'. «Queremos que se vayan ya. Deberían irse a otra parte. Nos están estropeando las escaleras», aseguró a EL CORREO un portavoz del templo.
Pero la cuadrilla de Dani López no está por la labor. El exterior del templo se ha convertido en su cuartel general desde hace ya algunos años. «Nos nos vamos a marchar de aquí porque esto significa mucho más que venir a patinar. Para nosotros es una especie de compromiso social. Los que nos reunimos no nos conocemos de nada ni tenemos nada en común, sólo patinar sobre la tabla», aseguraron.
Y no sólo es beneficioso para ellos, sino también para sus padres, que están más tranquilos. «Esto es mejor que estar haciendo el vago o fumando porros. Nos dedicamos a disfrutar de nuestra afición y nuestros padres saben dónde estamos y lo que hacemos», coincidieron.
La explicación no convence, sin embargo, a los responsables de la catedral nueva, para quienes estas 'reuniones' suponen un quebradero de cabeza debido a las pintadas y la rotura de las escaleras. En algunas ocasiones, la Policía Municipal ha llegado a intervenir. «Una vez llegamos a juntar dos sofás y los pusimos en la entrada. Por supuesto, enseguida vinieron los guardias y los quitaron», recordaron.
Lugar céntrico
Estos jóvenes 'skaters', sin embargo, reconocen que las escaleras de mármol se están desgastando poco a poco. Pero tratan de hacer comprender al párroco y al sacristán de la catedral nueva que ése es el lugar que han escogido para su tiempo de ocio. «Es el más céntrico y a todos nos viene bien quedar aquí. La verdad es que no es una zona patinable, pero nos gusta concentrarnos en este sitio. El 'skate park' de Zabalgana está muy bien, pero también se encuentra muy lejos y cuando llegas estás tan cansado que no te apetece ni patinar», concluyeron.
Entre pirueta y pirueta, Dani, Eneko, Miguel y sus amigos ofrecen gratuitamente al público vitoriano un espectáculo que muchas veces se observa con desconfianza. «Piensan que somos la lacra de la sociedad, pero no estamos perdidos. Sólo somos jóvenes a los que nos gusta patinar y queremos que el párroco nos comprenda», le pidieron.









