
Y todo ello, gracias a Mari Carmen Gómez, su madre de acogida en Vitoria durante los meses de verano. Soltera y sin hijos, Mari Carmen se animó a probar la experiencia de la maternidad tras escuchar en la radio el llamamiento del Frente Polisario, encargado por aquel entonces de coordinar la recepción y acogida de niños saharauis. No se lo pensó dos veces y, desde aquel año, sus vacaciones, las de su madre, las de su hermana y las de sus sobrinos giran en torno a 'Kabara'. «El verano es para ella. No es que sea una más de la familia, es que ella es la reina de la casa y todos vivimos pendientes de que sea feliz y de que no le falte de nada», asegura la mujer.
Tanto es así que, desde que se levantan hasta que se acuestan, es la pequeña la que dictamina el orden del día. La piscina, el pantano y la playa -de vez en cuando hacen alguna escapada a Plentzia- suelen ser sus elecciones más habituales, aunque también le encanta pasear en bicicleta y salir a dar una vuelta con su 'prima' Miriam, de 16 años, y sus amigas. Ellas son el espejo en el que se mira, su referente, con las que habla de «cosas de chicas» y por las que siente verdadera «adoración». No es de extrañar, teniendo en cuenta que Miriam fue su principal apoyo cuando, recién llegada a Vitoria hace tres años, 'Kabara' «no dejaba de llorar».
«Días duros»
«Los primeros días fueron muy duros», rememora la abuela Carmen. «Sólo quería estar con Miriam, hasta que poco a poco se fue haciendo a todos nosotros». Con cariño, atención y mimos, la familia de Mari Carmen conquistó el corazón de una pequeña que, por el mero hecho de haber nacido en Aayum, en el África subsahariana, no había conocido otra realidad que la del pastoreo de sus cabras y la del cuidado de sus tres hermanos pequeños. Hasta que Mari Carmen se cruzó en su vida.
«Es una experiencia muy gratificante y enriquecedora. Tú le das todo lo que tienes, pero ella te lo devuelve con creces», sostiene. De ahí que cuando el próximo 10 de septiembre 'Kabara' abandone la capital alavesa para regresar a Aayum, en su hogar de Vitoria quedará «un vacío tremendo». La experiencia, con todo, habrá merecido la pena un año más. Para todos. 'Kabara' llegó descalza y con lo puesto y regresará a su tierra con una maleta de 25 kilos en la que la «abuela» Carmen ha comenzado ya a empaquetar aceite, miel o napolitanas de chocolate, «lo que a ella más le gusta». En Vitoria, su huella y su sonrisa quedarán indelebles hasta que el próximo verano la pequeña vuelva a ocupar su trono como «reina» de la casa.
Un trono que en Cucho -una pequeña localidad próxima a Treviño- están compartiendo este verano Ama Mohamed y Sukeina Azmman. Para Josefi Jorge y Paco Ramos, éste está siendo su primer año como padres de acogida y el matrimonio se ha estrenado por partida doble. A Sukeina, Josefi la conoció en diciembre cuando en compañía de su amiga Juani -una veterana madre de acogida- decidió visitar el poblado de Agüeinit, donde reside la pequeña, de 12 años.
«A pesar de las condiciones en las que viven -sólo los más afortunados pueden aspirar a una casa de adobe-, me conmovió su generosidad. Aun teniendo muy poco, o casi nada, te lo ofrecen todo». Por eso Josefi se propuso pagarles con la misma moneda. En un principio, el matrimonio iba a acoger a Sukeina, pero cuando se enteró de que la madre de Ama -que desde hace dos años reside en Vitoria con sus cinco hijos- necesitaba una familia de acogida para poder visitar al resto de su familia en el Sahara, Josefi y Paco no lo dudaron. «Donde cabe una, caben dos», pensaron, y las puertas de su casa se abrieron de par en par para ellas.
Imagen de felicidad
Josefi, Paco, Ama y Sukeina son la viva imagen de la felicidad, de una familia unida y bien avenida. Con la llegada de las dos pequeñas a sus vidas, el matrimonio no sólo está recordando las mieles de la paternidad -sus hijos tienen ya 29 y 33 años- sino que está viviendo uno de los veranos más intensos de sus vidas. Han pasado una semana de vacaciones en San Sebastián, han disfrutado de las fiestas de La Blanca, han visitado Gamarra y Mendizorroza... Pero Cucho sigue siendo para las niñas el cuartel general de la diversión. Con la piscina a escasos metros de la puerta de su casa y dos bicicletas nuevas en el porche, Ama y Sukeina no necesitan nada más.
Adoran levantarse tarde -nunca antes de las once de la mañana- y acostarse bien entrada la noche y sólo ponen el grito en el cielo cuando Josefi les prepara pescado o verdura para comer. Sin embargo, cuando toca pizza, a las niñas se les hace la boca agua. «Obedientes y responsables», no pasa un solo día sin que, con la ayuda de Josefi, Ama y Suki desatiendan sus deberes escolares. «Primero la obligación y luego la devoción», resume su mami de Vitoria. Y ellas cumplen.
En la recta final de sus vacaciones, la nostalgia y el recuerdo de sus madres comienza a hacer mella en ellas. En un perfecto castellano, las dos pequeñas reconocen que les gustaría tenerlas cerca, pero admiten que cuando regresen a su hogar «echaremos de menos a nuestra familia española». Ama se quedará en Vitoria, donde en septiembre comenzará sus estudios de cuarto curso de Primaria, y Sukeina, que de mayor quiere ser médico «para curar a la gente», regresará a Agüeinit para afrontar también ella su vuelta al 'cole'. Antes Josefi, Paco y todo el pueblo de Cucho les tienen preparada una fiesta de despedida con mucho reggeaton, su música favorita.









