
CORRESPONDENCIA
«Dejando Vicuña, nos dirigimos a Ordoñana, y allí encontramos un reloj de sol de factura comercial y modelo muy corriente en España, y también en nuestra provincia. Se trata de un reloj de sol vertical, calculado como orientado, pero situado en la pared declinante de una casa particular, por lo que no marca la hora correctamente».
«Finalizamos nuestro recorrido en Narvaja, localidad agrícola que a principios del siglo XIX introdujo la alfarería, actividad que funcionó hasta 1976. En esta fecha, el último artesano, Federico Garmendia, dio por terminada su labor allí. En este pueblo, entrando por una carretera que conduce al río Barrundia, llegamos al caserío Beltrán, en el que se hizo una ampliación en 1852. Entonces se colocó un reloj solar, del que queda un disco de piedra arenisca, su soporte horario, así como el orificio de su varilla. Las horas estaban pintadas, pero el paso del tiempo las ha borrado, según nos informa el propietario del caserío, el popular ganadero Ignacio. Pero parece que el reloj va ha ser recuperado».
«Como conclusión, diremos brevemente que los relojes de ángulos iguales son un modelo de relojes solares. Este modelo apareció coincidiendo con la expansión de los relojes mecánicos, que son de horas iguales. Con los de ángulos iguales se intentó copiar a los mecánicos, dividiéndolos en partes iguales, pero resultaron relojes sin ningún rigor, ni horario ni astronómico».
Veinte años sin Mitxelena
El 11 de octubre de 1987 murió Koldo Mitxelena, a los 72 años. Con motivo de los veinte años de su fallecimiento, se ha convocado un congreso internacional, encuentro científico que será el segundo, pues a los diez años de la muerte del gran lingüista vasco, en 1997, se celebró el primero. Las actas de aquel congreso fueron editadas por la UPV: 'Basque and (paleo)hispanic studies in the wake of Michelena's work'-'Estudios vascos y (paleo)hispánicos en la huella de Mitxelena'), un volumen sumamente interesante.
Este congreso, como el anterior, está organizado por la cátedra extraordinaria que lleva el nombre del ilustre vascólogo. Sabemos que se quiere dar un mayor impulso a la cátedra, que tan buenos frutos ha dado y puede dar.
Como alaveses y vascos, nunca deberíamos olvidar que Mitxelena dejó su cátedra de Lingüística Indoeuropea en Salamanca para embarcarse en el proyecto de la Universidad del País Vasco, institución de la cual fue vicerrector. Sin Mitxelena y sin el empeño del entonces diputado general Cayetano Ezquerra sería impensable la Facultad de Filología y Geografía e Historia, que echó a andar en el curso 1978-1979.
Por lo demás, recordaremos que Mitxelena tenía fuertes lazos con Álava, empezando por su mujer, Matilde Martínez de Ilárduya, nacida en Aretxabaleta de Álava y durante años vecina de Txintxetru. Todo el mundo le llama Matilde, aunque su verdadero nombre es Clotilde. Pero las andanzas de clandestinidad en el franquismo trajeron ese otro nombre y así se le conoce.







